Perspectivas Económicas 2018

En 2017 pronosticamos como “la metástasis del modelo económico rentista populista consumista”. A decir verdad, los pronósticos se quedaron cortos ante el desastre de la economía venezolana, en la que se combinaron, una política económica de espalda al mercado y un modelo político populista agotado e inviable. Lejos de buscar soluciones a los graves problemas micro y macroeconómicos del país, se insiste en supeditar la crisis estructural de la economía al problema político como única variable a resolver con un alto costo económico y social. Se insiste en ir en contrasentido a la lógica del mercado mundial, limitando los canales de acceso al financiamiento externo y estimulando la desinversión nacional, con señales negativas en política monetaria, cambiaria, fiscal y comercial, como consecuencia la inflación alcanzo la tasa más alta del continente 750 %, distorsiono al extremo el sistema cambiario con diferenciales entre el dólar preferencial y el paralelo que supero el 30000 %, provocando mayor regresión fiscal con su impacto en las políticas públicas y elevando la pobreza por encima del 80 % de la población . La política comercial de puerto agoto el Erario Público y comprometió las reservas internacionales a niveles críticos ( por debajo 10000 millones de dólares, más del 70 % en oro).La sobreestimación del ingreso petrolero como única fuente de recursos, ignoro las tendencias del mercado y la propia capacidad productiva interna de una industria colapsada por la burocracia y la desinversión . A lo que se sumaron los fuertes compromisos financieros externos de más de 10000 millones de dólares, la mayoría de cuyos pagos no pudieron realizarse de una deuda externa que superó los 150000 millones de dólares.

2018 se proyecta como la antesala de la fase terminal del modelo económico rentista, populista, consumista, cuyas consecuencias anuncian una crisis sin precedentes en el país, en un escenario de estancamiento y recesión económica, inestabilidad política y conflictividad social difícilmente superable en el corto plazo y mediano plazo que presagian grandes sacrificios para la población de no tomarse los correctivos necesarios.

La economía venezolana seguirá sumergida en una crisis inédita en la historia del país: En el sector externo, se verá afectada por la continua caída de la producción petrolera para colocarla en niveles inferiores a los 1,5 millones/día, desaprovechando el incremento de precios que promovió el acuerdo de recortes de la OPEP al inicio del año. Este desplome de los ingresos petroleros significara una pérdida de más de 1000 millones de dólares al año por cada dólar que ceda la producción. Como consecuencia, las finanzas públicas se derrumbaran entre 31 y 35 % con respecto al 2017, las exportaciones petroleras estarán por debajo de 24000 millones de dólares cuyo efecto inmediato será la reducción de las importaciones en alrededor de un 25 % con relación al 2017( 14,2 Millardos de dólares).

Las principales variables macroeconómicas seguirán mostrando la tendencia negativa que comenzó agudizarse a partir del año 2014. Una caída sostenida del PIB entre 20 y 25 % , una inflación superior al 1.500.000 %,una tasa de desempleo formal superior al 15 % ,una informalidad superior al 60 %, un deterioro progresivo de la BP superior a los 16000 MM de dólares como consecuencia de la caída del ingreso petrolero , el mayor gasto público y los compromisos financieros externos , tasas de interés negativas y una brecha de más de 30000 % entre la tasa de cambio oficial y la del mercado paralelo

El gasto público, Principal sustento del modelo rentista se verá duramente afectado por la reducción de los ingresos petroleros (entre 10000 y 12000 millones de dólares) y los compromisos financieros externos del gobierno (superiores los 10000 millones de dólares) seguirán afectando la “inversión” social y frenando la reactivación del aparato productivo cuya caída rondara el 25 % del PIB. Con un presupuesto nacional estimado en 36 billones ( sin incluir endeudamiento adicional) que aunque representa 18 veces el de 2017 en valor nominales en términos reales será menor, afectado por una inflación que superará el 1,5 millones %. La carga burocrática de más de 3 millones de empleados y 3,5 millones de pensionados, la ineficiencia, corrupción y malversación del llamado “gasto social” difícilmente compensaran la brecha entre ingresos y gastos público, limitando el rol de esta variable en la reactivación de la economía . El déficit fiscal seguirá superando el 20 % del PIB, provocando una mayor presión fiscal interna, vía IVA que aportará más del 80 % de los ingresos gubernamentales y otros impuestos regresivos, así como mayor endeudamiento interno y emisión monetaria inorgánica que fácilmente superara el billón de bolívares, un incremento que significara cerca del 100000% con respecto al 2017, cifra para lo cual no parece haber límites gubernamentales. El déficit fiscal que superó el 20 % en el 2017, continuará su carrera ascendente y pudiera ubicarse alrededor del 25 %, como consecuencia de la fuerte reducción de los ingresos petroleros y mayores requerimientos de gastos burocráticos presionado por los ajustes salariales y las propias necesidades del modelo político clientelar . El gobierno seguirá insistiendo en atenuar el desequilibrio fiscal deslizando hacia el dólar DICOM una mayor proporción de la demanda del dólar oficial, para disponer mayor cantidad de dólares y cumplir los compromisos de deuda externa de los 20 diferentes tipos de bonos emitidos por la República y PDVSA, disponer de más bolívares por el diferencial cambiario para cubrir compromisos de la deuda interna, así como continuar con el financiamiento del déficit operativo interno de PDVSA (incluido la deuda financiera de más de 40000 MM de dólares, 30000 MM con proveedores y 20000 MM del Fondo Chino). El aumento de la gasolina como herramienta para disminuir la brecha fiscal no parce viable políticamente, dependerá más de las fuentes de financiamiento externo, incluyendo la liquidación de activos de la industria petrolera y la reducción de las importaciones que de las necesidades internas del mercado petrolero.

La deuda pública, interna y externa estimada en unos 157700 MM D, cerca del 161 % del PIB, constituye una de las variables con mayor peso en el panorama económico del país, dado el alto porcentaje que representa su servicio anual ( más de 10000 millones de dólares) , la presión de las necesidades financieras para atender las importaciones básicas del país, cuya cifra se estima en unos 12 Millardos de dólares , alrededor del 15 % menor al 2017 , seguirá basada en el endeudamiento interno y la emisión de dinero inorgánico

La demanda agregada interna, tanto de bienes de consumo final como de inversión decrecerá entre 12 y 15 %, afectada por la reducción de las importaciones en una tasa promedio de 15 % con relación al 2017, una caída de la inversión superior al 30 %,un descenso del 40 % del consumo privado y no menos del 20 % del gasto público . El índice de escasez mantendrá valores superiores al 80 % en productos básicos y superará el 90 % en otros rubros, agudizándose el desabastecimiento y las colas para adquirir los bienes.

La inflación, superara los topes históricos del 1500 % del 2017, con una dinámica alcista determinada por el exceso de oferta monetaria que se expandió a un ritmo de más de 100000 % en los dos últimos años, se estima que al finalizar el año superara el billon de Bs, de mantenerse la política monetaria expansiva sustentada en un presupuesto público de más de 32 billones, 1800 % mayor al del año 2017, un diferencial cambiario entre el dólar preferencial y el mercado paralelo 100 veces superior al oficial, la inflación pudiera alcanzar niveles superiores a 1,5 millones % .

La Balanza comercial, se verá mejorada por el incremento moderado de los precios del petróleo cuyo promedio para el crudo nacional oscilará alrededor de los 50 y 60 dólares el barril, superior al calculado en el presupuesto nacional, pero 100 dólares inferiores a las necesidades reales del gasto público. Las exportaciones oscilarán entre 20 y 23 mil millones de dólares frente a unas importaciones que se moverán entre 10 y 11 mil millones de dólares. La balanza de bienes y servicios seguirá mostrando un signo positivo con tendencia a la baja al igual que en el año 17, superando los 1,6 millones de dólares y el saldo global de la balanza de pagos puede alcanzar un saldo deficitario superior a los 16 mil millones de dólares con tendencia a crecer.

En el contexto internacional, los precios del crudo nacional se verán mejorados con relación al año 2017, producto de los recortes de la OPEP, aunque difícilmente superaran los 60 dólares promedio acentuando los problemas económicos del país. Los precios del crudo seguirán afectados por tres variables básicas del mercado petrolero, un exceso de oferta cercana a los 2 millones de barriles diarios, un debilitamiento de la demanda en no menos de un millón de barriles diarios y la apreciación del dólar. En este contexto los precios de los crudos marcadores, West Texas y Brent oscilaran alrededor de los 50 y 60 dólares promedio. Este escenario moderado del mercado petrolero mundial impactará positivamente los precios de la cesta nacional que se moverá alrededor de los 40 a 50 dólares pero con una producción en descenso entre 1,2 y 1,5 millones de barriles.

A Nivel microeconómico, el comportamiento de los principales indicadores seguirán afectados por la contracción del aparato productivo nacional, la escases de insumos, la dificultad para el acceso a divisas , la política de control de precios y la caída de las importaciones entre 30 y 35 %.Las dificultades del aparato productivo y el estancamiento de la producción petrolera determinarán una caída del PIB entre 20 % y 25 % , presionado por una baja de la demanda interna , la alta inflación, la escasez de insumos, la caída del salario real y una contracción de las importaciones entre 30 y 35 % . La tasa de desocupación mostrará una tendencia sostenida al alza, como consecuencia del estancamiento económico, la saturación del empleo público, la baja inversión y del ahorro, superando el 15 % de la PEA, a lo que hay que sumar el incremento del sector informal que se colocara sobre 60 % de la PEA .

En relación a los salarios se mantendrá la tendencia a la pérdida del poder adquisitivo del salario real que alcanzó en el 2017 no menos del 46 %, se estima en el 2018 una caída entre 80 y 90 % , cifra que difícilmente podrá recuperarse con los incrementos salariales oficiales , con una inflación que superara el 1500000 %. El costo de la canasta básica alimentaria familiar( 5 personas) requerirá al menos 60 salarios mínimos(1800 BsS) para cubrirla al finalizar el año.

La tasa de interés real mantendrá su tendencia negativa de los últimos años como consecuencia de los altos índices de inflación y control oficial, limitando el ahorro y estimulando el consumo preventivo ante expectativas económicas negativas y mayores intervenciones públicas en la actividad económica.

En conclusión, podemos decir que el 2018 será el año de la antesala de la fase terminal del modelo de economía rentista, populista y consumista que caracterizaron los 20 años de gobierno chavista-madurista, con pocas probabilidades de superar la crisis de mantenerse la política económica gubernamental. Un cambio significará el abandono de la tesis del estado rentista petrolero interventor, reactivar el aparato productivo con mayor participación y autonomía del sector privado nacional, estimular la inversión foránea y el apoyo financiero multilateral, el desmonte del sistema de controles de la economía y las finanzas que le dé al mercado un rol más importante en el desarrollo económico del país:

Altos índices: de Inflación, Déficit Fiscal, Desempleo, Informalidad, tasa Cambiaria, Índices de Escasez, Liquidez Monetaria, Gasto Público, Deuda Pública.

Bajos Índices: de Productividad, PIB, Demanda Interna, Balanza de Pagos, Salarios Reales, Ahorro Interno, Inversión Foránea y Expectativas Económicas.

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