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PERSPECTIVAS ECONÓMICAS 2020


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2019 lo pronosticamos como “la etapa terminal del modelo populista rentista instaurado por Hugo Chávez”, efectivamente atrás quedaron los sueños de país potencia y el prototipo del socialismo del siglo XXI como modelo político, las estimaciones se quedaron cortas ante el desastre de la economía venezolana, en la que se combinaron, una hiperinflación incontrolada con una recesión económica prolongada por más de 6 años, el colapso de la industria petrolera, una macro devaluación del bolívar con una expansión monetaria inorgánica brutal y una dolarización inercial que alcanzó más del 50 % de las transacciones financieras, una disfunción fiscal crónica con gasto público excesivo y una “economía negra” (minería ilegal, contrabando, narcotráfico, corrupción) originada en la propia estructura gubernamental, a lo que se sumó la agudización de la crisis política sin avances en su solución y las sanciones económicas internacionales. Al igual que en años anteriores lejos de buscar soluciones a los graves problemas micro y macroeconómicos se insistió en supeditar la crisis estructural de la economía al problema político como única variable a resolver con el consiguiente alto costo económico y social. La política económica marchó en contrasentido a la lógica del mercado nacional y mundial, limitando los canales de acceso al financiamiento externo y asfixiando al interno, provocando la desinversión nacional y estimulando la economía negra, generando una disfunción en las políticas monetaria, cambiaria, fiscal y comercial que cerraron las alternativas para superar la crisis económica; como consecuencia.


La inflación anualizada alcanzó la tasa más alta del continente y del mundo al superar el 25.000 % y la acumulada el 6000 % , distorsionó al extremo el sistema cambiario con diferenciales entre el dólar preferencial y el paralelo superiores al 30.000 %, la devaluación del bolívar soberano (decretado por Maduro) desde su creación en marzo del 2018 hasta diciembre del 2019, alcanzó el 76358 % y frente al bolívar fuerte (decretado por Chávez en el 2007) fue superior a 30.000.000 % provocando mayor disfunción fiscal con su impacto negativo en las políticas públicas y elevando la pobreza por encima del 85 % de la población. La política comercial de puerto agotó el Erario Público y comprometió las reservas internacionales a niveles críticos (por debajo de 7.000 millones de dólares, más del 70 % en oro) transformándose en una política comercial de “bodegones”. La sobreestimación del ingreso petrolero como única fuente de recursos, ignoró las tendencias del mercado y la propia capacidad productiva interna de una industria colapsada por la burocracia y la desinversión que redujo la producción a menos de un millón de barriles diarios, representando una caída de más del 65 % en comparación con la de 2012 (2,7 millones de barriles diarios) y una pérdida de ingresos en el mismo lapso de más de 100 mil millones de dólares. La caída del PIB alcanzó cerca del 39 % ( la cifra más alta en la historia del país) con un acumulado en los últimos 6 años de alrededor del 80 %, los sectores que experimentaron mayor caída fueron la construcción 90 %, comercio 76 %, industria 71 %, finanzas y seguros 69 %, transporte y almacenamiento 62 %. Las exportaciones cayeron en un 65 % y las importaciones en 85 %.

La demanda privada entre el 2014 y el 2019 cayó en 63 %, el consumo de gobierno 47 % y la inversión en más del 80 %. El salario pasó de 700 $ USA en el 2012 (tasa oficial) a 6 dólares en el 2019, es decir una reducción de 116 veces el valor. En el área monetaria se experimentó un proceso de dolarización de facto o inercial que alcanzó más del 50 % de las operaciones comerciales creando un sistema bimonetario informal al que se le sumó el petro como criptomoneda (dejando su rol de cripto activo) para terminar el año con un sistema trimonetario (Bolivar Soberano, Dólar y Petro ). En materia de compromisos de la deuda externa (140 mil millones de dólares) se debían cancelar 9.333 millones de dólares, cuyo incumplimiento ubicaron el monto a cancelar en 11.170 millones de dólares

2020 se proyecta como un año complejo para la economía venezolana, se puede calificar como “punto final“ del modelo económico del socialismo del siglo XXI (rentista petrolero, populista, consumista) cuyas consecuencias arrastraron al país a una crisis sin precedentes en su historia, en un escenario de estancamiento, recesión económica y disfuncionalidad de la política económica, inestabilidad política y conflictividad social difícilmente superable en el corto y mediano plazo y que presagian grandes virajes del modelo económico y sacrificios elevados para la población.

Las principales variables macroeconómicas mantendrán la tendencia negativa que comenzó a experimentar el país a partir del año 2014. La caída del PIB se estima entre 15 y 18 %, los sectores con mayores índices de recesión serán la construcción más del 80 %, el comercio más del 70 %, la industria más del 65%, finanzas y seguros más del 60% y transporte y comunicaciones más del 50%.

El gasto público, Principal sustento del modelo económico del socialismo del siglo XXI se verá afectado por la reducción de los ingresos petroleros, los compromisos financieros externos del gobierno (superiores los 11000 millones de dólares) y las sanciones internacionales que afectarán la “inversión” social y la reactivación del aparato productivo público. Con un presupuesto nacional estimado por la cuestionada ANC en 5439 millones de dólares (unos 252,18 billones de BsS) que representa 41 % mayor al estimado inicialmente en el 2019. La carga burocrática de más de 3 millones de empleados y 3,5 millones de pensionados, seguirá siendo un fuerte gasto presupuestario afectado por una política de aportes no salariales de bonos y otras erogaciones destinadas a la compensación del deterioro del salario mínimo real que recibe la mayoría de los trabajadores públicos y pensionados, la ineficiencia, corrupción y malversación del llamado “gasto social” seguirán afectando la efectividad presupuestaria limitando el rol de esta variable en la reactivación de la economía pública. El déficit fiscal seguirá superando el 20 % del PIB, provocando una mayor presión fiscal interna, vía IVA que aportará más del 70 % de los ingresos gubernamentales junto a otros impuestos regresivos que se crearán , así como mayor endeudamiento interno y emisión monetaria inorgánica que duplicará el estimado en el presupuesto aprobado por la cuestionada ANC para el 2020 .

El déficit fiscal continuará su tendencia ascendente aunque a menor ritmo y pudiera ubicarse alrededor del 20 %, como consecuencia de la fuerte contracción de los ingresos petroleros y reducciones de gastos burocráticos, limitadas en el año por los compromisos clientelares de las elecciones previstas. El gobierno seguirá insistiendo en atenuar el desequilibrio fiscal deslizando hacia el dólar una mayor proporción de las necesidades presupuestarias con reducción del diferencial cambiario para acercarlo al valor del mercado paralelo y obtener más bolívares. El aumento de la gasolina como herramienta para disminuir la brecha fiscal no parce estar en la agenda política aunque de hecho existe un incremento de facto en su valor por la devaluación del bolívar en las estaciones de servicio.