DESDE EL AMOR Y EL DOLOR APUESTO A LA FAMILIA COMO ESPACIO DE PROTECCIÓN INTEGRAL

De existir un organismo más complejo que el ser humano, sin duda alguna es la familia. Es en ella donde el hombre desarrolla gran parte –por no decir toda- su capacidad creativa y de amar, o por el contrario una fuerza destructiva, preñada de odio, dolor e imposibilidad de amar. En la familia, al igual que en todo, los extremos no son buenos, pienso que las relaciones familiares se mueven en un continuum, y que en ese ir y venir va superando pruebas, tejiendo redes nutritivas que aumentan su sabiduría y experticia en el manejo de conflictos, o inversamente la debilitan y ahogan.De existir un organismo más complejo que el ser humano, sin duda alguna es la familia.


Es en ella donde el hombre desarrolla gran parte –por no decir toda- su capacidad creativa y de amar, o por el contrario una fuerza destructiva, preñada de odio, dolor e imposibilidad de amar. En la familia, al igual que en todo, los extremos no son buenos, pienso que las relaciones familiares se mueven en un continuum, y que en ese ir y venir va superando pruebas, tejiendo redes nutritivas que aumentan su sabiduría y experticia en el manejo de conflictos, o inversamente la debilitan y ahogan.


Desafortunadamente, en estos últimos años de experiencia en el trabajo con familia, he compartido con muchas de ellas ancladas en conflictos considerados insuperables, es notorio el “des-encuentro”, pero también el dolor de no poder expresar el amor guardado hacia el otro. Las conductas yoistas, egoístas e individualistas surgen como las flores silvestres. Estos tipos de comportamientos son propios del día a día, y suelen dejar marcas necesarias de tratar profesionalmente para su superación.

Gran parte de este drama obedece a lo que denomino las fuerzas externas que afectan, positiva o negativamente a la familia en su intercambio de información. Esto debido a su naturaleza de ser un sistema abierto. En el caso de Venezuela aproximadamente desde hace 20 años - son más los efectos negativos que fuerzas externas como la política gubernamental, bien económica, social o fiscal le han dejado.



La cuestión social que hoy día caracteriza la realidad venezolana, tal como lo indican estadísticamente los informes sobre condiciones de vida en Venezuela adelantada por destacadas universidades como la Católica Andrés Bello, la Central de Venezuela y la Simón Bolívar, en conjunto con otras reconocidas instituciones entre ellas, la fundación Bengoa, CIAP y Caritas muestran el deterioro sistemático del sistema nacional de salud


que impactan en el equilibrio familiar, reportando los esfuerzos que hacen para tratar de cubrir sus déficits. El 87% de los venezolanos viven en condiciones de pobreza, el 80% de los hogares sufren de inseguridad alimentaria y en promedio el venezolano ha perdido 11 kilos entre el 2016 y 2017.


En el 2018 las cifras de hogares en pobreza alcanzaron la cifra del 94 %, la desnutrición aguda global en menores de 5 años fue de 65%, el riesgo nutricional 34%, la desnutrición severa grave 13.5%. El 17% de los niños menores de 2 años padecen de desnutrición leve y el 32% los niños menores de 6 años están afectados de desnutrición aguda y severa. Las cifras emitidas en cuanto a la desnutrición infantil en los estados Zulia y Miranda dos de las principales entidades demográficas del país son dramáticas.


En fin, sin ánimo de detallar la cruel realidad que en los actuales momentos vive la familia venezolana, especialmente las más pobres, que son las más afectadas por a factores como la hiper-inflación, la recesión económica, el desempleo y los bajos salarios, el deterioro del sistema de salud, la crisis alimentaria, la crisis moral y ética entre otras variables que la han ubicado en situación de super vivencia. A esto se suma una política pública que estimula el desmembramiento familiar con la emigración forzada de sus integrantes a otros países, para la búsqueda de mejores condiciones de vida y beneficios socio laborales que no tienen en el país y les impiden medianamente satisfacer las necesidades básicas empujándolos a la pobreza absoluta.


Entre 2012 y 2017 emigraron más de 1 millón de personas de los cuales el 88% corresponde al grupo de 15 y 59 años, es decir la población económicamente activa que en teoría debe garantizar la seguridad familiar de la población dependiente, niños y adultos mayores que se quedan en el país. El grueso de la migración venezolana se produjo entre del 2017 al 2019 en 5 millones de personas, de acuerdo con estimaciones de la OEA y ACNUR.


Es en estos escenarios donde queda en evidencia las grandes potencialidades y reservas morales - éticas, que tiene la familia venezolana como sistema complejo y abierto para dar respuestas a una sociedad en crisis , mediante un enorme esfuerzo desde el amor protegiendo a sus integrantes para no rendirse y someterse a las conductas más instintivas del ser humano propias de las sociedades primitivas.

Desde la experiencia en familia, como trabajadora social sigo apostando a la familia como el más completo de los sistemas de protección integral, movida por la fuerza interna del amor, la única con esta capacidad para superar la crisis, a pesar de sus vaivenes, a veces, sin el apoyo de las instituciones públicas o programas sociales para garantizar la seguridad de la familia como unidad base de la sociedad, lejos de ello, se promueve el odio social y descomposición de la familia.

La Asociación Afecto Venezuela ha señalado el aumento de los índices de violencia y abuso sexual en un 90% contra niños, niñas y adolescentes en el 2018. Venezuela está entre los 8 países del mundo con mayor mortalidad en personas entre 10 y 19 años debido a homicidios y violencia colectiva (2018). Estos indicadores son factores que han ido contribuyendo a la descomposición y desintegración de la familia venezolana.


Apuesto a la familia como el principal espacio para el fortalecimiento del amor entre los seres humanos. El daño que el Estado, bajo la representación que esta administración gubernamental le está generando a la familia venezolana es grave, y nos va costar décadas para superarla. No obstante, hay que seguir luchando desde cada uno de nuestros espacios para apoyarla y acompañarla en este momento aciago, rescatar los valores y reservas morales que han formado parte de su historia y son el aliento para devolverle el rol protagónico que tiene en la protección de sus integrantes, especialmente los más vulnerables en esta crisis que vive el país. Un hecho relevante que nos caracteriza hoy como sociedad es el incremento acelerado de la población de adultos mayores que alcanza


casi el 20 % de nuestra población como producto de la diáspora , la mayoría de los cuales se encuentran en situación de vulnerabilidad social y que han debido asumir la responsabilidad de hacerse cargo de la familia .

Es a partir de la familia fortalecida en el amor, y por supuesto, en sus condiciones materiales, morales y éticas de vida donde Venezuela podrá apoyarse, para tratar de corregir el impacto que está dejando el éxodo de la población joven, como consecuencia de la falta de políticas públicas que garanticen su futuro, educación , empleo, calidad de vida y la irresponsabilidad de un modelo político que dilapido la mayor bonanza petrolera que ha tenido el país en su historia.. Contrario a ello, arrebató a gran parte de jóvenes de sus familias, bien asesinándolo, cuando valientemente alzaron su voz para exigir sus derechos contra el gobierno opresor, bien aplicando una política de exterminio en los barrios pobres a través de la represión policial denunciada por la propia Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Informe Bachelet del 2019. Todavía por una u otra causa, la familia venezolana llora a sus jóvenes.

Ciertamente tenemos una familia que ama al mismo tiempo que sufre, cuando por circunstancias ajenas a ella se encuentra en crisis siempre está en la búsqueda de superarla. La crisis de la familia venezolana de hoy no es propiciada por ella misma, es inducida por la política gubernamental de la no política para el fortalecimiento de la familia como unidad básica de la sociedad estimulando el intervencionismo estatal en su seno como en los regímenes totalitarios, porque saben que de este modo es más fácil su control, dominio y sometimiento ,no obstante en la familia venezolana subsisten tradiciones y valores que constituyen un freno a estas pretensiones totalitarias y son la garantía de la superación de este atajo de nuestra historia..

El principal motor de la resistencia familiar venezolana es el amor y la solidaridad de sus integrantes, su capacidad de amar, le permite transformarse las veces que sea necesario para continuar brindando protección y seguridad a sus miembros donde quiera que se encuentren. Nos compete a los profesionales de las ciencias sociales y del comportamiento saber leer sus signos, definir a su lado programas y acciones para protegerla de aquellos demagogos del discurso político de “la unidad familiar”, han propiciado su debilitamiento utilizándola como bandera política mientras promueven su destrucción.



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