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La vulnerabilidad no comenzó con el terremoto Del Documento País N.º 2 a una nueva pregunta sobre bienestar y capacidad de protección en Venezuela

Aug 12
12 min read

Un terremoto puede ocurrir en segundos. Las condiciones que determinan quién puede enfrentarlo, resistir sus consecuencias y recuperarse de ellas, en cambio, pueden haberse construido durante años.

El Documento País N.º 2 del CIAP surgió después de los eventos sísmicos del 24 de junio como un esfuerzo por mirar más allá del fenómeno físico. Al hacerlo, encontramos una realidad que antecedía a la emergencia: pobreza, precariedad habitacional, discontinuidad de servicios, insuficiencia de ingresos y transformaciones de las redes familiares formaban parte de las condiciones desde las cuales los hogares venezolanos debían responder.

El terremoto no produjo esas condiciones.

Las encontró.


Las emergencias no encuentran territorios homogéneos. Las condiciones de vivienda, servicios, recursos y entorno forman parte del contexto desde el cual los hogares enfrentan una perturbación.
Las emergencias no encuentran territorios homogéneos. Las condiciones de vivienda, servicios, recursos y entorno forman parte del contexto desde el cual los hogares enfrentan una perturbación.

Y esa constatación nos condujo a una pregunta que inicialmente parecía sencilla:

¿qué significa realmente decir que una persona, un hogar o una comunidad es socialmente vulnerable?

Responderla resulta más difícil de lo que parece.

Venezuela dispone de indicadores que permiten observar pobreza, ingresos, empleo, vivienda, educación, servicios y otras dimensiones fundamentales del bienestar. Pero disponer de información sobre estas condiciones no significa necesariamente que estemos midiendo vulnerabilidad social.

Esa diferencia es el punto de partida de esta reflexión.


1. Vulnerabilidad no es otra palabra para pobreza

La vulnerabilidad social no surgió simplemente como una nueva manera de denominar la pobreza.

Una parte importante de su desarrollo conceptual se encuentra en los estudios críticos sobre desastres. En 1976, Phil O'Keefe, Ken Westgate y Ben Wisner publicaron Taking the Naturalness out of Natural Disasters. Su argumento produjo un desplazamiento fundamental: un fenómeno físico puede ser natural, pero sus consecuencias sociales no pueden explicarse únicamente por su magnitud.

Un terremoto puede afectar un territorio amplio, pero encuentra personas viviendo en viviendas diferentes, con recursos distintos, acceso desigual a servicios y posibilidades muy diferentes para responder y recuperarse (O'Keefe, Westgate, & Wisner, 1976).

En la investigación fueron apareciendo preguntas complementarias.

Los trabajos de Amartya Sen mostraron, al estudiar las hambrunas, que la existencia de recursos no garantiza por sí misma la posibilidad de acceder a ellos. Caroline Moser propuso mirar no solamente aquello de lo que carecen los hogares, sino también los activos que pueden movilizar frente a circunstancias adversas (Moser, 1998).

En América Latina, los trabajos de Carlos Filgueira y Rubén Kaztman permitieron ampliar todavía más la mirada. Los recursos de un hogar no actúan aisladamente: su posibilidad de convertirse en bienestar depende también de las oportunidades que ofrecen el Estado, el mercado y la sociedad. Kaztman (2005) vincula precisamente los activos de los hogares con las estructuras de oportunidades que permiten o restringen su movilización.

Por otra parte, Robert Castel mostró la importancia de los soportes asociados con la inserción laboral, las relaciones sociales y los mecanismos de protección, y cómo su debilitamiento puede desplazar a las personas hacia situaciones de mayor vulnerabilidad (Castel, 1995).

Estos autores no construyen una única teoría de la vulnerabilidad. Sus perspectivas proceden de tradiciones distintas. Pero, observadas conjuntamente, permiten reconocer un desplazamiento importante:

·       del evento hacia las condiciones sociales;

·       de la disponibilidad de recursos hacia las posibilidades efectivas de acceso;

·       de las carencias hacia los activos;

·       de los activos del hogar hacia las oportunidades que ofrece el entorno;

·       de una situación presente hacia las posibles trayectorias del bienestar;

y del individuo aislado hacia las redes, soportes e instituciones que contribuyen a protegerlo.

La vulnerabilidad comienza así a mostrarse como algo diferente de una suma de carencias.


2. Pobreza, privación y vulnerabilidad describen problemas relacionados, pero diferentes.

Esta distinción importa cuando intentamos medir.

Una privación identifica la ausencia o insuficiencia de una condición relevante para el bienestar. Una medición de pobreza permite reconocer determinadas insuficiencias de recursos o acumulaciones de privaciones.

La vulnerabilidad introduce una pregunta adicional:

¿qué puede ocurrir con ese bienestar cuando aparece una perturbación?

Filgueira (2001) muestra por qué esta perspectiva permite superar la dicotomía pobre/no pobre: pueden existir configuraciones susceptibles de movilidad social descendente tanto entre sectores pobres como entre hogares que actualmente se encuentran fuera de la pobreza.

Sirven (2007), desde una perspectiva prospectiva, permite introducir igualmente la dimensión temporal: observar una situación presente no necesariamente permite conocer su trayectoria futura.

Una familia puede encontrarse hoy por encima de determinado umbral de pobreza y, sin embargo, depender de una única fuente inestable de ingresos, carecer de ahorros y disponer de pocas alternativas frente a una enfermedad, una pérdida del empleo o una emergencia.

Otra puede presentar un ingreso semejante y contar con empleo estable, ahorros, vivienda adecuada, familiares próximos y mecanismos de protección.

La fotografía puede parecer semejante. La fragilidad del bienestar no necesariamente lo es.

Por eso, un indicador de privación puede ser importante para estudiar vulnerabilidad sin convertirse automáticamente en un indicador de vulnerabilidad social.


3. Venezuela mide muchas condiciones. La pregunta es qué todavía necesitamos conocer

Pensemos en una interrupción del suministro de agua.

Identificar que un hogar no dispone de suministro continuo permite reconocer una privación relevante.

Pero imaginemos dos hogares sometidos a esa misma interrupción.

Uno dispone de tanque, capacidad económica para adquirir agua y familiares cercanos que pueden ayudar.

El otro depende exclusivamente de la red pública, no posee capacidad de almacenamiento, tiene ingresos insuficientes para comprar agua y cuenta entre sus integrantes con personas que requieren cuidados.



La interrupción es la misma. La capacidad para enfrentarla no lo es.

Esta diferencia ayuda a entender el desafío.

Las mediciones existentes sobre condiciones de vida son indispensables. El problema no consiste en sustituirlas, sino en reconocer qué preguntas responden y cuáles permanecen abiertas.

Sabemos relativamente más sobre determinadas condiciones y privaciones que sobre algunas capacidades de respuesta.

·       Podemos conocer el ingreso de un hogar, pero no necesariamente cuánto tiempo podría sostener su bienestar si ese ingreso desaparece.

·       Podemos identificar la composición familiar, pero conocer menos sobre la capacidad efectiva de las redes externas para proporcionar cuidados o apoyo económico.

·       Podemos conocer la cobertura formal de determinados servicios o mecanismos de protección, pero saber menos sobre su accesibilidad, oportunidad y suficiencia cuando aparece una perturbación.

·       Y podemos observar la situación de un hogar hoy sin disponer necesariamente de información que permita seguir su trayectoria después de una crisis.

Esto plantea una precaución metodológica:

no deberíamos definir vulnerabilidad simplemente a partir de las variables que tenemos disponibles.

El recorrido debería hacerse en la dirección contraria.

Primero preguntarnos qué necesitamos comprender. Después identificar qué podemos medir, qué podemos aproximar y qué información todavía necesitamos producir.


La existencia de un servicio no garantiza por sí sola su disponibilidad efectiva. Las condiciones de acceso y las alternativas de respuesta de los hogares pueden modificar las consecuencias que una misma interrupción produce sobre el bienestar.
La existencia de un servicio no garantiza por sí sola su disponibilidad efectiva. Las condiciones de acceso y las alternativas de respuesta de los hogares pueden modificar las consecuencias que una misma interrupción produce sobre el bienestar.

4. La capacidad de respuesta no reside solamente en el hogar

Las familias no son actores pasivos frente a las dificultades.

Utilizan ahorros, reorganizan gastos, recurren a familiares, buscan nuevas fuentes de ingreso, se endeudan, movilizan activos y desarrollan estrategias para sostener su bienestar.

Moser (1998) llamó la atención precisamente sobre los activos que pueden movilizar los hogares. Sirven (2007) incorpora la capacidad de reacción —coping capacity— como una dimensión relevante para comprender la vulnerabilidad.

Las capacidades de respuesta no residen únicamente en los hogares. Las redes de solidaridad y organización social pueden movilizar personas, recursos y apoyos frente a una emergencia. Centro de acopio de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Caracas, 25 de junio de 2026. Fotografía: archivo CIAP.
Las capacidades de respuesta no residen únicamente en los hogares. Las redes de solidaridad y organización social pueden movilizar personas, recursos y apoyos frente a una emergencia. Centro de acopio de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Caracas, 25 de junio de 2026. Fotografía: archivo CIAP.

Pero aquí aparece una segunda pregunta:

¿a qué costo se responde?

Una familia puede mantener temporalmente su consumo utilizando todos sus ahorros.

Puede enfrentar una caída del ingreso endeudándose.

Puede resolver una necesidad de cuidados retirando a uno de sus integrantes del mercado laboral.

Puede compensar una interrupción de servicios mediante soluciones privadas.

En todos esos casos existe respuesta.


Pero algunas estrategias protegen el bienestar mientras otras pueden resolver una dificultad presente reduciendo la capacidad para enfrentar la siguiente.

Además, los hogares no movilizan sus recursos en el vacío.

·       Una persona puede poseer formación profesional, pero necesita oportunidades laborales para utilizarla.

·       Una familia puede desarrollar estrategias de cuidado, pero necesita servicios e instituciones que las sostengan.

·       Una comunidad puede poseer redes de solidaridad, pero esas redes no pueden sustituir indefinidamente las responsabilidades de los sistemas colectivos de protección.

Esta es una de las razones por las cuales la vulnerabilidad no debería convertirse en una medida de cuánto son capaces de resistir las familias.

La pregunta debe ampliarse:

¿qué capacidad tiene la sociedad para evitar que las personas tengan que enfrentar solas las perturbaciones que amenazan su bienestar?


5. De la vulnerabilidad del bienestar a la capacidad social de protección

Aquí aparece una línea que consideramos necesario investigar con mayor profundidad desde el CIAP. Por una parte, podemos preguntarnos por la vulnerabilidad del bienestar:

¿qué condiciones hacen que el bienestar de una persona o un hogar pueda deteriorarse frente a una perturbación?

Por otra, necesitamos preguntarnos por la capacidad social de protección:

¿qué recursos, redes, oportunidades, servicios e instituciones pueden prevenir, amortiguar o compensar ese deterioro?


No estamos proponiendo que sean dos índices. Tampoco que dispongamos ya de una definición operacional definitiva. Lo que proponemos es comenzar a estudiar conjuntamente ambas preguntas.

Esta perspectiva modifica también la manera de observar la protección social. No basta con preguntar si un mecanismo existe. Necesitamos conocer su cobertura, pero también preguntarnos si es accesible cuando se necesita, si llega oportunamente y si resulta suficiente frente a la magnitud de la perturbación.

Podríamos expresarlo provisionalmente mediante una secuencia:

existencia → cobertura → accesibilidad → oportunidad → suficiencia → capacidad efectiva de protección.

Esto no constituye todavía un indicador CIAP. Constituye una agenda de investigación.


6. Del Documento País N.º 2 a una nueva pregunta

Regresar ahora al Documento País N.º 2 permite verlo desde otra perspectiva.

Sus hallazgos mostraron que ingresos, vivienda, servicios, condiciones sociales y redes familiares no deberían analizarse como compartimentos completamente independientes cuando intentamos comprender las capacidades de respuesta frente a una emergencia.

Pero la revisión conceptual desarrollada posteriormente nos obliga a formular una pregunta adicional:

¿esas dimensiones constituyen vulnerabilidad social o describen condiciones que contribuyen a producirla?

·       La diferencia es fundamental.

·       Una falla de electricidad puede constituir una privación.

·       La dependencia de una única fuente de ingreso puede representar una fragilidad económica.

·       La migración puede transformar las redes familiares y de cuidado.

·       La precariedad habitacional puede aumentar las consecuencias de una amenaza física.

·       La insuficiencia de mecanismos de protección puede limitar la capacidad de respuesta.

Todas estas condiciones pueden intervenir en la vulnerabilidad. Pero no deberíamos agregarlas automáticamente y llamar vulnerabilidad al resultado. Primero necesitamos comprender cómo se relacionan.

En este sentido, resulta significativo que la discusión académica surgida después de los acontecimientos sísmicos haya comenzado también a desplazarse más allá del evento físico. El conversatorio organizado por el Decanato de Postgrado de la Universidad Nacional Experimental del Táchira bajo el título Más allá de la emergencia: desafíos socioambientales y servicios públicos tras eventos sísmicos colocó en discusión agua y riesgo sísmico, calidad del aire y residuos, impactos sociales y gobernanza.

Desde perspectivas disciplinarias diferentes aparece una preocupación convergente: comprender las consecuencias de una emergencia exige observar las condiciones sociales, ambientales, institucionales y de servicios dentro de las cuales ocurre.

Para el CIAP, esa conversación conduce hacia un problema específico: cómo comprender y, posteriormente, medir la relación entre bienestar, vulnerabilidad y capacidades de protección en Venezuela.

El primer resultado de esta agenda quizá no tenga que ser un índice único.

Puede ser un sistema de dimensiones e indicadores que permita distinguir:

·       qué podemos medir actualmente;

·       qué podemos aproximar mediante indicadores indirectos;

·       qué dimensiones requieren producir nueva información;

·       y qué relaciones necesitamos investigar antes de operacionalizarlas.

El principio metodológico es sencillo: Primero construir el problema. Después construir la medición.

Medir para actuar antes

Volvamos entonces al comienzo. El terremoto ocurrió en segundos. Pero encontró viviendas, servicios, hogares, redes, instituciones y mecanismos de protección cuyas condiciones se habían construido mucho antes. Por eso:

La vulnerabilidad no comenzó con el terremoto.

Pero el recorrido realizado nos permite agregar algo más. La capacidad de una sociedad para enfrentar una perturbación tampoco comienza cuando esta ocurre. Se construye antes.

·       En los servicios que funcionan.

·       En las oportunidades disponibles.

·       En las redes que pueden activarse.

·       En las instituciones capaces de responder.

·       En los mecanismos de protección que llegan oportunamente.

Y en las capacidades que permiten a personas, hogares y comunidades enfrentar una dificultad sin comprometer su bienestar futuro.

Por eso, incorporar la vulnerabilidad social a la discusión sobre bienestar en Venezuela no significa abandonar las mediciones de pobreza, privaciones o condiciones de vida.

Significa incorporar nuevas preguntas:

·       ¿qué tan sostenible es el bienestar que observamos hoy frente a las perturbaciones que pueden ocurrir mañana?

·       ¿y qué capacidades necesitamos construir hoy para protegerlo?

Medir vulnerabilidad debería ayudarnos progresivamente a mirar antes. Y mirar antes puede permitirnos actuar antes. Porque medir el bienestar nos ayuda a comprender cómo vivimos.

Estudiar su vulnerabilidad puede ayudarnos a comprender qué necesitamos proteger antes de perderlo.


La protección también se construye antes de una emergencia. La formación, el cuidado y el fortalecimiento de capacidades sociales contribuyen a ampliar los recursos con los que una sociedad puede responder frente a situaciones que amenazan el bienestar. Curso de formación de cuidadores de personas mayores, Caracas. Fotografía: archivo propio.
La protección también se construye antes de una emergencia. La formación, el cuidado y el fortalecimiento de capacidades sociales contribuyen a ampliar los recursos con los que una sociedad puede responder frente a situaciones que amenazan el bienestar. Curso de formación de cuidadores de personas mayores, Caracas. Fotografía: archivo propio.

Conclusión

El terremoto del 24 de junio permitió hacer visibles condiciones que no comenzaron con él. El recorrido iniciado en el Documento País N.º 2 y profundizado en esta reflexión muestra que comprender la vulnerabilidad social exige ir más allá de identificar carencias o describir las condiciones presentes de los hogares. Requiere preguntarnos también por las perturbaciones que pueden afectar su bienestar, los recursos que pueden movilizar para enfrentarlas, las redes y oportunidades de las que disponen y la capacidad efectiva de las instituciones y mecanismos de protección para acompañarlos cuando ese bienestar se encuentra amenazado.

Esta mirada no sustituye las mediciones de pobreza, privaciones o condiciones de vida que ya existen en Venezuela. Las complementa con una pregunta diferente: qué tan sostenible es el bienestar que esas mediciones observan. Y obliga, al mismo tiempo, a desplazar parte de la atención desde la capacidad de los hogares para resistir hacia la capacidad de la sociedad para proteger.

Esta distinción es importante. Medir vulnerabilidad no debería significar identificar simplemente quién posee más carencias ni construir una nueva categoría para describir problemas que ya conocemos. Debería ayudarnos a comprender qué condiciones pueden transformar una perturbación en deterioro del bienestar, qué capacidades permiten enfrentarlo y qué ocurre cuando esas capacidades resultan insuficientes.

El desafío que se abre para el CIAP es, por tanto, conceptual y metodológico: avanzar en la identificación de las dimensiones e indicadores que permitan estudiar conjuntamente la vulnerabilidad del bienestar y la capacidad social de protección, distinguiendo aquello que ya podemos observar con la información disponible de aquello sobre lo que todavía necesitamos producir evidencia.

Esto no implica construir apresuradamente un nuevo índice. Implica algo anterior y metodológicamente indispensable: definir primero qué necesitamos comprender para decidir después qué debemos medir y cómo hacerlo.

El Documento País N.º 2 permitió identificar el problema. Esta reflexión da un paso adicional al precisar las preguntas que surgen de sus hallazgos. El siguiente desafío será convertir esas preguntas en una agenda de investigación capaz de producir evidencia para Venezuela y contribuir a una comprensión más dinámica del bienestar: no solamente cómo se encuentra una persona o un hogar en un momento determinado, sino qué tan sostenible es esa situación frente a las perturbaciones que pueden ocurrir y con qué capacidades cuenta la sociedad para protegerla.

Porque anticipar la vulnerabilidad no significa predecir cuál será la próxima crisis. Significa algo más fundamental:

comprender, antes de que ocurra, qué condiciones pueden convertir una perturbación en deterioro del bienestar y qué capacidades necesitamos fortalecer para evitarlo, amortiguarlo o facilitar la recuperación.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


Conclusión

El terremoto del 24 de junio permitió hacer visibles condiciones que no comenzaron con él. El recorrido iniciado en el Documento País N.º 2 y profundizado en esta reflexión muestra que comprender la vulnerabilidad social exige ir más allá de identificar carencias o describir las condiciones presentes de los hogares. Requiere preguntarnos también por las perturbaciones que pueden afectar su bienestar, los recursos que pueden movilizar para enfrentarlas, las redes y oportunidades de las que disponen y la capacidad efectiva de las instituciones y mecanismos de protección para acompañarlos cuando ese bienestar se encuentra amenazado.

Esta mirada no sustituye las mediciones de pobreza, privaciones o condiciones de vida que ya existen en Venezuela. Las complementa con una pregunta diferente: qué tan sostenible es el bienestar que esas mediciones observan. Y obliga, al mismo tiempo, a desplazar parte de la atención desde la capacidad de los hogares para resistir hacia la capacidad de la sociedad para proteger.

Esta distinción es importante. Medir vulnerabilidad no debería significar identificar simplemente quién posee más carencias ni construir una nueva categoría para describir problemas que ya conocemos. Debería ayudarnos a comprender qué condiciones pueden transformar una perturbación en deterioro del bienestar, qué capacidades permiten enfrentarlo y qué ocurre cuando esas capacidades resultan insuficientes.

El desafío que se abre para el CIAP es, por tanto, conceptual y metodológico: avanzar en la identificación de las dimensiones e indicadores que permitan estudiar conjuntamente la vulnerabilidad del bienestar y la capacidad social de protección, distinguiendo aquello que ya podemos observar con la información disponible de aquello sobre lo que todavía necesitamos producir evidencia.

Esto no implica construir apresuradamente un nuevo índice. Implica algo anterior y metodológicamente indispensable: definir primero qué necesitamos comprender para decidir después qué debemos medir y cómo hacerlo.

El Documento País N.º 2 permitió identificar el problema. Esta reflexión da un paso adicional al precisar las preguntas que surgen de sus hallazgos. El siguiente desafío será convertir esas preguntas en una agenda de investigación capaz de producir evidencia para Venezuela y contribuir a una comprensión más dinámica del bienestar: no solamente cómo se encuentra una persona o un hogar en un momento determinado, sino qué tan sostenible es esa situación frente a las perturbaciones que pueden ocurrir y con qué capacidades cuenta la sociedad para protegerla.

Porque anticipar la vulnerabilidad no significa predecir cuál será la próxima crisis. Significa algo más fundamental:

comprender, antes de que ocurra, qué condiciones pueden convertir una perturbación en deterioro del bienestar y qué capacidades necesitamos fortalecer para evitarlo, amortiguarlo o facilitar la recuperación.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Castel, R. (1995). Les métamorphoses de la question sociale: Une chronique du salariat. Fayard.

  • Centro de Investigaciones y Análisis Prospectivo [CIAP]. (2026). La desprotección social de los venezolanos: Lo que el doble terremoto reveló sobre la necesidad de construir un Sistema Nacional de Protección Social en Venezuela (Documento País N.º 2).

  • Filgueira, C. H. (2001). La actualidad de viejas temáticas: Sobre los estudios de clase, estratificación y movilidad social en América Latina (Serie Políticas Sociales N.º 51, LC/L.1582-P). Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

  • Kaztman, R. (2005). Activos, vulnerabilidad y estructura de oportunidades: Enfoque AVEO. En R. del C. Canudas & M. Lorenzelli (Coords.), Inclusión social: Una perspectiva para la reducción de la pobreza (pp. 53–77). Instituto Interamericano para el Desarrollo Social, Banco Interamericano de Desarrollo.

  • Moser, C. O. N. (1998). The asset vulnerability framework: Reassessing urban poverty reduction strategies. World DKeefe, P., Westgate, K., & Wisner, B. (1976). Taking the naturalness out of natural disasters. Nature, 260, 566–56. https://doi.org/10.1038/260566a0

  • Sen, A. (1981). Poverty and famines: An essay on entitlement and deprivation. Clarendon Press.

  • Sirven, N. (2007). De la pauvreté à la vulnérabilité: Évolutions conceptuelles et méthodologiques. Mondes en développement, 35(140), 9–24. https://doi.org/10.3917/med.

 
 
 

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