PERSPECTIVAS ECONÓMICAS 2021

2020 lo definimos como el año del punto final del modelo económico populista rentista bolivariano, que durante 20 años dominó el escenario económico nacional. Efectivamente su colapso no pudo ser más estrepitoso y dramático para la economía venezolana en lo que conocemos de historia contemporánea, el COVID 19 solo contribuyó a desnudar la inviabilidad de un modelo que flotó solo con la abundancia de la renta petrolera y que hizo del gasto público sin control su principal estrategia de desarrollo económico y dominio político.

Dos décadas fueron suficientes para desmontar nuestra industria petrolera que durante más de 100 años había impulsado el desarrollo del país convirtiéndonos en el tercer productor de la OPEP y el quinto del mundo. En el 2020 pasamos a ser el décimo productor de la OPEP (superando solo a Gabón, Congo, Guinea, Ecuador) y el puesto 27 de la producción mundial, a pesar de tener las reservas más grandes del mundo estimadas en 300.000 millones de Barriles. Cerramos la segunda década del milenio con una participación en el mercado petrolero mundial que apenas oscila entre los 500.000 y 600.000 b/d, es decir retrocedimos 90 años en producción y exportación de petróleo.

El PIB, se redujo en el lapso entre 85 y 87 % del valor del año 2000, con una caída continua a partir de 2013, de 9 años, que ubicó su valor entre 20.000 y 23.000 millones de euros, un retroceso de casi 50 años, con un Per cápita inferior a los 600 $, es decir , de ser el cuarto país más rico del mundo, en 1950, superando a Japón y China, nos convertimos en el país más pobre del continente en ingreso per cápita superado incluso por Haití (1200 $).

El parque industrial se contrajo en 80 % operando a menos de 25 % de su capacidad instalada, hoy existen alrededor de 2000 industrias manufactureras de las 12000 que existían en el 2000. El comercio se redujo en un 75 % registrando actualmente menos de 250000 establecimientos. El Sector agropecuario registra la peor crisis en 100 años en la mayoría de los principales rubros dejando de ser un país autoabastecible en el sector para colocarnos según la FAO entre las naciones que requieren “ayuda alimentaria externa” para hacer frente a las necesidades alimentarias de 21,2 millones de venezolanos en pobreza extrema ( 75 % de la población).

La devaluación del bolívar frente al dólar alcanzó niveles billonarios, pasando de 576 Bs en 1999 a más de 25 billones (incluidos los 8 ceros de las dos reconversiones monetarias) es decir una devaluación acumulada superior al 50.000%.

La deuda externa que en 1999 no superaba los 30.000 millones de $ USA, sobrepasó los 160.000 millones, es decir se quintuplicó en el lapso bolivariano.

El gasto público que entre 1990 y 2013 promedió entre el 30 y 40 % del PIB, en el 2020 no superó el 15 % del PIB, con un déficit fiscal crónico de 16 años consecutivos que promedió entre el 8 y 10 % del PIB, es decir tres veces superior al registrado en 1999.

La inflación, que en 1999 era del 13 %, en 20 años alcanzó cifras anuales de 5 dígitos y en los tres últimos años, un proceso hiperinflacionario sin precedentes en el mundo.




El salario mínimo de los trabajadores venezolanos pasó de 176 $ mensuales en 1999 a menos de 1 $ en el 2020 (a pesar de producirse 51 incrementos salariales por decreto, 21 por Chávez y 30 por Maduro), esta situación colocó el nivel de pobreza por ingreso a más del 90 % de la población y en pobreza extrema al 75 % . El sector informal que empleaba el 45 % de la PEA en 1999, pasó a más de 70 % con altos niveles de precariedad laboral y sin protección social. El desempleo real que antes del 2000 promedió 10 % se estima cercano al 30 % y el FM lo calculó en 54 % al finalizar 2020.








La balanza de pagos mantuvo su tendencia a debilitarse desde 1999, incluida la cuenta corriente que tradicionalmente presentó saldos positivos por la bonanza petrolera, registró signos negativos en el 2014 y 2016, la cuenta de servicios mantuvo durante todo el periodo su saldo negativo con promedio alrededor del 10 % del PIB, afectada por el pago de los intereses de la deuda externa que creció en más de 500 % en el lapso. Las reservas internacionales se desplomaron a su nivel más bajo en 20 años, después de alcanzar su tope en el 2008 (43.127 millones de $) por el alza de los ingresos petroleros, para cerrar el 2020 con un monto inferior a 6.600 millones de $, incluido un descenso de las reservas de oro a un mínimo en 30 años.

2021 se proyecta como un año que lo podríamos definir como “estancamiento en el foso” en su primer semestre y “desaceleración de su tendencia negativa de crecimiento” en el segundo semestre, dependiendo de la recuperación que se espera pueda presentar la economía mundial post COVID y de la disminución de las tensiones políticas a nivel interno para buscar una salida a la crisis a nivel general. De no producirse variantes importantes en el escenario político nacional y no darse avances para disminuir la presión de las sanciones internacionales, el panorama económico del país seguirá siendo poco alentador dado el bajo nivel de las expectativas de atraer inversiones foráneas privadas y multilaterales que permitan iniciar una fase primaria de recuperación de la debilitada base económica y la confianza de los actores para su reactivación.

El comportamiento de los principales indicadores estará determinado por la evolución de dos entornos, el contexto internacional, donde la mayoría de los analistas coinciden en que los efectos del COVID seguirán gravitando sobre los principales actores de la economía mundial como el comercio , los servicios y la industria. En el corto plazo, la recuperación del crecimiento de los países industrializados se estima inferior al 3 %, excepto China y la India, después de la caída sufrida en el 2020, en los países menos industrializados la recuperación podría alcanzar entre el 3 y 5 % después de su registro negativo en el 2020. América latina, una de las regiones más afectada en su crecimiento en el 2020, prevé una leve recuperación alrededor del 3,5 %.

El mercado petrolero mundial, una de las principales variables de la economía, seguirá afectado por la contracción de la demanda como consecuencia de la recesión económica y la lenta recuperación en la era post COVID, pese a los esfuerzos de la OPEP y sus aliados que aspiran a elevar su producción levemente entre 6 y 7 millones de b/d , para estabilizar los precios entre 50 y 55 $ ,con lo cual la cesta venezolana podría rondar entre 30 y 35 $, precio insuficiente para recuperar sus alicaídas rentas como consecuencia de la caída estrepitosa de la producción y las bajas expectativas de inversión en el sector, la producción difícilmente superará los 700 mil b/d.

En el entorno interno. El PIB, prevé un nuevo año de decrecimiento, con una leve desaceleración de su caída y un registro final negativo entre 10 y 15 %, que colocará la economía venezolana entre 15.000 y 18.000 millones de euros, una pérdida entre 87 y 89 % del valor del año 2000.

La demanda agregada interna, tanto pública como privada, seguirá contraída, en el primer sector afectada por el bajo nivel de gasto público agudizado en los últimos años por la contracción de la industria petrolera y la crisis fiscal. Se estima que este año el gasto público difícilmente superará el 10 % del PIB, lejos del 30 y 40 % alcanzado en la década del 90 y la primera década del siglo XXI, La demanda privada seguirá contraída como consecuencia de la baja inversión del sector y difícilmente alcanzará el 1 % del PIB en 2021.

El déficit fiscal, marcará su decimosexto año en negativo, puede alcanzar el 10 % del PIB determinado por la caída de los ingresos fiscales (directos e indirectos) que difícilmente aportarán el 1 % del PIB, básicamente sustentados en los impuestos indirectos (IVA, TF, ISCMT, Parafiscales, etc.) que aportarán más del 80 % de la recaudación como consecuencia de la caída del ISLR. El déficit fiscal, continuará presionando la emisión de dinero inorgánico para sostener el gasto corriente, con el cual la masa monetaria podría incrementarse entre 1000 y 2000 % en el año 2021 superando los mil billones de bs en circulación.

El empleo seguirá debilitado, tanto en el sector público como privado, en el primer caso como consecuencia de la caída del gasto público y la inversión social y en el segundo por la baja inversión tanto interna como externa. La tasa de desocupación podría oscilar entre 25 y 30 % de la PEA, elevando el nivel de informalidad a más del 70 %. En el mercado laboral el fenómeno de la emigración seguirá disminuyendo la oferta laboral en ambos sectores presionados por el bajo poder adquisitivo del salario mínimo, que pese a los aumentos estimados se produzcan, no logrará cubrir el 0,5 % de la canasta básica de alimentos y servicios dado su desequilibrio con el índice inflacionario.

El fenómeno de la hiperinflación, seguirá siendo una de las características más sobresalientes de la economía venezolana y aunque la contracción de la demanda interna la ha desacelerado, se estima que en el año las cifras seguirán rondando entre 3000 y 3500 % , dependiendo del freno que se pueda producir en la política de emisión monetaria inorgánica como instrumento para cubrir el déficit fiscal y que se ha convertido en los últimos años en el principal detonante del índice inflacionario.

La balanza de pagos mostrará pocas variaciones en su tendencia a deteriorarse. La cuenta corriente, continuará debilitándose como consecuencia de la caída de las exportaciones petroleras y el estancamiento de las exportaciones no tradicionales, éstas oscilarán entre los 7.000 y 8.000 millones de dólares, las importaciones mantendrán su tendencia a la baja ubicándose entre 6.000 y 7.000 mil millones de dólares. La cuenta de servicios seguirá su histórico saldo negativo que ha presentado desde 1999 en un promedio superior a los 10.000 millones de dólares, agravado por el incumplimiento de los pagos del servicio de la deuda externa. La cuenta de transferencia mejorará levemente con relación al año anterior para colocarse entre 2000 y 2500 millones de dólares determinada fundamentalmente por un leve repunte de las remesas. Las reservas internacionales podrían ubicarse por debajo de los 6.000 millones de dólares, principalmente por una nueva caída de las reservas de oro, utilizada para aliviar el flujo de caja del gasto público.

En síntesis, podemos decir que el 2021 no presentará grandes cambios en las expectativas del crecimiento de la economía venezolana al menos antes del primer semestre, sumando un nuevo año de recesión, hiperinflación, macro devaluación, baja inversión interna y externa, alta tasa de desempleo y de informalidad, caída de la demanda interna, déficit fiscal, debilitamiento de la BP y las reservas internacionales. La incertidumbre sobre la evolución de la variable política y la baja percepción de cambio en el tratamiento de la crisis por parte de la comunidad internacional tampoco contribuyen a mejorar estas expectativas.








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