INVESTIGACIONES CIAP

PERSPECTIVAS ECONOMICAS 2016

2015 lo habíamos pronosticado como un año “crítico para la economía venezolana” tanto en sus variables microeconómicas como macroeconómicas, tal como efectivamente ocurrió, solo que la gravedad que habíamos estimado rebasó ampliamente los pronósticos, determinada por la negativa del gobierno a tomar las medidas que la mayoría de los economistas recomendaron para afrontar la crisis, lejos de ello se insistió en supeditar lo político a la economía, mantener una política cambiaria distorsionadora, una política monetaria inflacionaria, una política fiscal regresiva y una política comercial de puerto que acentuó los desequilibrios macro y microeconómicos disparando la inflación, la brecha fiscal, la deuda pública, el déficit de la balanza de la cuenta corriente y la Balanza de Pagos, la devaluación, pero sobre todo desestabilizó el aparato productivo nacional y pulverizó la capacidad adquisitiva del salario real .

A nivel externo, la economía venezolana se vio afectada por la aguda contracción de los precios del petróleo que como habíamos estimado se vería impactada por la contracción de la demanda y una sobreoferta de crudo a nivel mundial que empujaría los precios de la cesta venezolana por debajo de 50 dólares. El promedio finalmente cerró entre 42 y 43 dólares muy lejos del estimado del presupuesto nacional que rondaba los 60 dólares. Este desplome de los precios petroleros significó una pérdida entre 500 y 800 millones de dólares por cada dólar que cedía el barril en el mercado internacional y como consecuencia las finanzas públicas se derrumbaron entre 23000 y 26000 millones de dólares, mientras la política petrolera seguía atada al modelo político populista consumista y compromisos clientelares a nivel internacional.

2016 Se proyecta como la metástasis del modelo económico rentista populista consumista cuyas consecuencias económicas y sociales apenas están comenzando a asomarse en un escenario de estancamiento y recesión jamás vivido en la historia económica del país que harían del año 2015 solo la cuota inicial de un desastre económico sin precedentes si no se toman los correctivos que amortigüen el colapso al que marchamos a pasos agigantados. No obstante, hay que decir que el Gobierno no da señales de corrección de las distorsiones de la economía y lejos de ello insiste en eludir las verdaderas causas de la crisis y repetir recetas que la han agravado. De allí que las predicciones sobre el comportamiento de la economía venezolana no solo estará sometida a la incertidumbre de un mercado petrolero volátil sino además a los saltos adelante y atrás del escenario político de un año electoral que incluye la posibilidad de un referéndum presidencial .

El comportamiento de las principales variables macroeconómicas seguirá mostrando el continuo deterioro que desde el año 2013 comenzó a evidenciar la inviabilidad del modelo rentista populista consumista. El gasto público, principal motor del modelo difícilmente soporte las crecientes necesidades de inversión social y económica con un presupuesto nacional (1,5 billones sin incluir endeudamiento) que aunque representa el doble del 2015 en términos nominales en términos reales será menor, afectado por un alto índice inflacionario, la brecha cada vez mayor entre la tasa de cambio oficial y el mercado paralelo y los bajos precios del petróleo, principal fuente de divisas del país. El gasto burocrático, la ineficiencia del gasto público y los compromisos de la deuda pública limitarán el rol de esta variable en la reactivación de la economía y el mejoramiento de la inversión social. La crisis del gasto público se seguirá afrontando vía mayor presión fiscal interna que aportará más del 70 % de los ingresos gubernamentales, principalmente IVA, ISRL y otros impuestos regresivos así como mayor endeudamiento interno y emisión monetaria inorgánica.

El déficit fiscal que superó el 20 % en el 2015, continuará su carrera ascendente para ubicarse por encima del 25 % como consecuencia de la reducción de los ingresos y mayores requerimientos de gastos burocráticos determinado por las necesidades del modelo político clientelar que tiene en las nuevas elecciones regionales y un posible referéndum presidencial su mayor detonante. El gobierno seguirá insistiendo en atenuar el desequilibrio fiscal deslizando hacia el dólar SIMADI una mayor proporción de la demanda del dólar de 6,30 para disponer mayor cantidad de dólares y cumplir los compromisos de deuda externa de los 20 diferentes tipos de bonos emitidos por la República y PDVSA por más de 10000 millones de dólares y más bolívares por el diferencial cambiario para cubrir compromisos de la deuda interna que supera los 223,3 mil millones de Bs, así como continuar con el financiamiento del déficit operativo interno de PDVSA. El aumento de la gasolina constituye otra herramienta para disminuir la brecha fiscal que difícilmente podrá seguir posponiéndose por más tiempo, el dilema es determinar el precio que tenga menos impacto inflacionario y que podría liberar unos 5 mil millones de dólares si se comercializa a precio de costo nacional.

La deuda pública, que supera los 265000 millones de dólares constituye una de las variables con mayor peso en el panorama económico del país dado el alto porcentaje que representa su servicio en el presupuesto nacional del 2016 (16,2 % cifras oficiales) seguirá su línea expansiva en un monto cercano al 10 % , elevando el servicio de la misma en 68 % con relación al 2015 cuyo impacto incidirá negativamente en las necesidades de la economía interna. El grueso de este nuevo endeudamiento descansará en el mercado interno dada las dificultades que tiene el país para acceder a los mercados internacionales donde sus colocaciones se cotizan a menos de 40 % de su valor nominal y tasas de interés que superan dos y tres veces la del mercado normal y la hacen excesivamente onerosa para el país.

La demanda interna, tanto de bienes de consumo final como de inversión, seguirá afectada por la drástica reducción de las importaciones en una tasa promedio de 10 % con relación al 2015, tendencia que viene presentándose desde 2012 cuando alcanzó el tope histórico de 59,3 millardos de dólares. En el 2016 las importaciones difícilmente alcanzarán los 30 mil millones de dólares afectando significativamente la oferta de bienes y servicios de una economía que depende en más de un 75 % de este sector. El índice de escasez mantendrá valores superiores al 60 % en productos básicos y superará el 90 % en otros rubros, agudizándose el desabastecimiento y las colas para adquirir no los bienes que se quieren sino los que se consiguen en un mercado con una oferta restringida. La caída del consumo se estima entre 8 y 10 % como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo del salario.

La inflación, que alcanzó topes históricos superiores al 200 % en el 2015, cifras no oficiales , seguirá su dinámica alcista determinada por el exceso de oferta monetaria que se expandió a un ritmo de 224 % entre 2013 y 2015 para alcanzar en este último año la cifra de los 3,06 billones de Bs, un 97 % más que en el año 2014. De mantenerse la política monetaria expansiva, la inflación pudiera alcanzar el 250 % aunque algunos organismos internaciones como el FMI la estiman en 500 %.

La Balanza de pagos se verá afectada por la drástica reducción de los precios del petróleo cuyo promedio oscilará entre 30 y 35 dólares el barril, esto significará entre 12,5 y 25% inferior a lo estimado en el presupuesto nacional (40 dólares) con una pérdida neta de 500 a 800 dólares por cada dólar que disminuye la cesta del crudo. Los ingresos petroleros oscilarán entre 30 y 35 mil millones de dólares con poco margen de maniobra dado por una oferta estancada y pocas posibilidades de incremento por la debilidad de la industria nacional tanto en inversión como en capacidad productiva. La balanza comercial seguirá mostrando un signo negativo al igual que en el año 2015, superando los mil millones de dólares y el saldo global de la balanza de pagos puede alcanzar un saldo deficitario sin precedente con graves repercusiones en la economía nacional.

En el contexto internacional, los precios del crudo nacional no parecen contar con mejores perspectivas que las del año 2015 cuyos precios se han desplomada en más de un 70 % con relación al tope alcanzado (105 dólares) el año anterior. La crisis de los precios del crudo seguirá afectada por tres variables principales, un exceso de oferta cercana a los dos millones de barriles diarios, un debilitamiento de la demanda en no menos de un millón de barriles diarios y una apreciación del dólar cercana al 10 % , en este contexto los precios de los crudos marcadores, West Texas y Brent difícilmente superarán los 40 dólares promedio. Este escenario negativo del mercado petrolero mundial impactará los precios de la cesta nacional que como advertimos anteriormente estará cerca de los 30 dólares con una producción entre 2,5 y 2,7 millones de barriles diarios comprometida en cerca de un 60 % por compromisos internos y externos que hacen muy difícil mayores aportes al ingreso nacional.

A Nivel microeconómico, el comportamiento de los principales indicadores se verán afectados por los problemas del aparato productivo nacional en la dotación de insumos, la dificultad para el acceso a divisas , la política de control de precios y la política de importaciones del Gobierno Central.

Las dificultades del aparato productivo y el estancamiento de la producción petrolera determinarán un crecimiento negativo del PIB entre 7 y 10 %, presionado por una caída de la demanda interna afectada por la alta inflación, la escasez, la caída del salario real y una contracción de la oferta externa de bienes y servicios ocasionada por la baja de las importaciones. La tasa de desocupación mostrará una tendencia sostenida al alza, como consecuencia del estancamiento económico, la saturación del empleo público, la baja inversión y del ahorro, superando el 15 % de la PEA, a lo que hay que sumar el incremento del sector informal entre el 55 y 60 % de la PEA .

En relación a los salarios se mantendrá la tendencia a la pérdida del poder adquisitivo del salario real que alcanzó en el 2015 no menos del 46 %, se estima en el 2016 una caída entre 60 y 70 %, que difícilmente podrá recuperarse con los incrementos salariales oficiales capaces de indemnizar una inflación acumulada superior al 200 % en el 2015 y 250 en el 2016. El costo de la canasta básica alimentaria para 5 personas requerirá al menos 15 salarios mínimos.

La tasa de interés real mantendrá su tendencia negativa de los últimos años como consecuencia de los altos índices de inflación y control oficial, limitando el ahorro y estimulando el consumo preventivo ante expectativas económicas negativas y mayores intervenciones públicas en la actividad económica.

En conclusión, podemos decir que el 2016 será el año del colapso del modelo de economía populista consumista que caracterizó al gobierno chavista con pocas probabilidades de superación si no se producen cambios importantes en la política económica que significará el abandono de la tesis de privilegiar la variable política sobre la económica y de asumir el costo político de un viraje de un modelo estatista rentista a una economía de mercado con un estado garante del equilibrio y de justicia , así el escenario económico ceteris paribus estará caracterizado por:

Altos índices: de Inflación, Déficit Fiscal, Desempleo, Informalidad, tasa Cambiaria, Índices de Escasez, Liquidez Monetaria, Gasto Público, Deuda Pública.

Bajos Índices: de Productividad, PIB, Demanda Interna, Balanza de Pagos, Salarios Reales, Ahorro Interno, Inversión Foránea y Expectativas Económicas.


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