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FINANCIAMIENTO PÚBLICO EN TIEMPO DE CRISIS

El fenómeno del Financiamiento Público y el rol del Estado en la economía ha constituido a lo largo de la historia de la humanidad una de los principales problemas de la socio política pública y de las diversas corrientes del pensamiento económico, aun antes del surgimiento de la Economía como ciencia social. El dilema ingresos y gasto público se remonta a las viejas Culturas Egipcias, Mesopotámicas y Sumerias donde las finanzas imperiales no solo debían atender los elevados gastos familiares de las monarquías sino además los onerosos ejércitos y gastos de guerras que cubrían con los tributos pagados no solo por los pueblos conquistados sino por sus propios pueblos como obligación teológica. China y Mesopotamia contaban con Tesoreros Reales y Funcionarios especializados para atender las finanzas del imperio. Las Ciudades - Estados como Grecia y Roma mantuvieron sus imperios con duras cargas impositivas sobre sus colonias y muchas veces con impuestos a sus propios nacionales reforzados con leyes y normas draconianas que garantizaran la sumisión y la obediencia a la contribución para sostener los gastos del Estado imperial. Así dominación –tributo - imperio se constituyó en una trilogía esencial del discurso del Financiamiento Público Imperial que se transformó con el surgimiento de los Estados Nacionales en el siglo XVI en el discurso del Financiamiento Público pre capitalista. Las nuevas relaciones de poder Ciudadano-Estado que sustituyó la relación soberano-súbdito, contaron con el soporte teórico del pensamiento de los preclásicos ( cameralistas y fisiócratas) y las concepciones mercantilistas sobre el rol del Estado en la Economía como preludio del Estado burgués. La consolidación del Estado-nación como paradigma dominante y el surgimiento de la Ciencia Económica bajo la égida del pensamiento liberal encontró en las teorías de Smith, Ricardo, Mills, Say Malthus, entre otros, nuevas y vigorosas explicaciones sobre la Economía Pública, el rol del Estado en la Economía y las Políticas Públicas. Las tesis de Smith sobre las relaciones ingresos, gastos y deuda pública constituyeron la base de los tratados modernos de las Finanzas Públicas y de la economía publica burguesa (Libro V de la Riqueza de las Naciones).


Ricardo es uno de los primeros autores en darle un tratamiento científico al problema de los tributos en su obra: “Principios de Economía Política y Tributaria” concentrando su análisis en los impuestos que afectan la renta de la tierra y no en la producción. El Estado asume como principal fuente de ingresos la renta de la tierra. Ricardo aporta estudios sobre la comparación entre un impuesto extraordinario y los empréstitos como instrumentos para financiar los gastos extraordinarios del Gobierno. Sostuvo que en ambos casos los recursos reales que el Estado retira de la economía son bienes presentes y no riqueza futura. Los planteamientos de Ricardo marcaron el comienzo del debate para determinar las ventajas y desventajas de la financiación del gasto extraordinario del Estado por la vía del endeudamiento público por impuestos, la incidencia de la deuda pública en la economía y el peso de la deuda.


J. S Mill refuta el principio del beneficio y lo reemplaza por el de capacidad contributiva que desemboca en el principio smithiano de la igualdad impositiva. Abogó por el principio de la proporcionalidad y la minimización del sacrificio y la imposición progresiva. Aportó el principio de la doble imposición al ahorro, sosteniendo que un impuesto que grava con igual alícuota a la renta total, tanto la que se destina al consumo como la que se destina al ahorro es discriminatoria en perjuicio de este último ya que grava una primera vez la renta ahorrada y periódicamente los intereses que se obtienen de la inversión.


J. B. Say, al igual que el resto de los clásicos consideró las Finanzas Públicas como un fenómeno del consumo y no de la inversión. Generalizó el planteamiento de la renta ricardiana a otros factores de la producción (capital, trabajo) afirmando que estos factores reciben en el proceso productivo determinados ingresos por su participación (salarios, intereses) y que tales remuneraciones son fracciones del producto total determinado por el mercado. Ligó el concepto de renta a la teoría de la distribución. Este planteamiento será retomado posteriormente por A. Marshall del pensamiento marginalista que lo sustituyó por el concepto “excedente” percibido por cualquier factor productivo que sea superior a lo estrictamente necesario para mantener la actividad.


Los clásicos se esforzaron en la construcción de un sistema tributario sólido que partiera de una distribución equitativa ya sea por la vía de los beneficios percibidos o por la capacidad de pago de los contribuyentes. Se mostraron contrarios a que el Estado interviniera en los asuntos económicos y enfatizaron en el rol del individuo como sujeto pasivo del Sistema Tributario Público. Se enfocaron primero en las obligaciones del Soberano y después en el análisis de la estructura impositiva.


El pensamiento marginalista clásico o neoclásico en sus dos vertientes ingleses y austríacos (W. S. Jevons, C Menger , L Walras, I Fisher, K Marx, J Dupuit, H Jenkin, A Marshall, ) que dominaron el pensamiento económico de la segunda mitad del Siglo XIX y comienzo del Siglo XX, partió de la premisa general de considerar que el consumo de bienes y servicios se rige por la regla de igualación de la utilidad marginal en el precio y en este sentido los bienes y servicios públicos se orientan por la misma regla y pueden incluirse en los modelos walrasianos al igual que el presupuesto público. Para el marginalismo clásico las Finanzas Públicas fueron consideradas como un problema de la teoría del valor cuya solución no se diferencia del problema económico de la satisfacción de las necesidades del individuo. Las necesidades públicas son necesidades de los individuos que cada sujeto ordena conjuntamente con las demás necesidades individuales, según el grado de apremio y las satisface con su renta disponible en forma tal que se igualen las utilidades marginales ponderadas logradas para la satisfacción de todos. El sujeto de las Finanzas Públicas sigue siendo el individuo como sujeto pasivo y el estado como sujeto activo.


La corriente neomarginalista (E. Sax, A. Pigou, F. Ramsey, V. Pareto, F. Edgeworth, K Wicksell, T.E. Lindahl, J. Shumpiter, U. Mazzokla, M. Pantaleoni, Viti di Marco) centraron su atención en las teorías de la eficiencia del gasto público, el gasto social y sus relaciones con el gasto privado. Sostuvieron que una utilidad marginal decreciente en el gasto público implicaba una ganancia en el bienestar social. Toda intervención del Estado en la economía conduce a mejorar la situación de unos y empeora la de otros contradiciendo la regla de Pareto. Reconocieron que el problema de las Finanzas Públicas es un problema del valor, pero postularon que el sujeto activo es el Estado y es el que tiene que realizar el cálculo económico de la distribución del ingreso para satisfacer las necesidades individuales y colectivas. Que las necesidades colectivas no se satisfacen por las preferencias individuales deben ser decididas por el Estado de acuerdo al interés valorativo del gobernante.


La escuela moderna o escuela alemana ( L.V. Stein, G.V. Schmoller, A. Wagner, entre otros). A. Wagner como pionero de las tesis de la influencia de las Finanzas Públicas en la sociedad, sostuvo que los impuestos además de cubrir el gasto del Estado tienen un propósito social de la redistribución del ingreso. Negó que el problema del Financiamiento Público sea solo un problema del valor (como lo planteó la Escuela Italiana, A. Di Vitri, de Narco, U. Mazzoli, M. Pantaleoni) o de la forma de producción de los bienes públicos ni en los gastos del Estado para llevar a cabo esta producción sino del reparto de la carga presupuestaria entre los contribuyentes.