RESILIENCIA EN CONTEXTO DE GRAN INCERTIDUMBRE (2da parte)

Introducción.

La Resiliencia; en esencia, es la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad y desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a acontecimientos adversos, al estrés grave, a Pandemias o simplemente a las tensiones inherentes al mundo VICA (Volátil, Incierto, Complejo e Incierto) de hoy.


En la actualidad, como nunca antes en la historia de la humanidad, toda persona: niño, joven, tercera edad o anciano, requiere desarrollar la Resiliencia. Insistimos en reafirmar, que este concepto se aleja del modelo médico patogénico, y se aproxima a un modelo pedagógico salugénico, de procesos proactivos asentados en el bienestar, el cual se centra en la cooperación, adquisición de competencias, creatividad, estrategias y eficacia propias.

En esta segunda entrega, apreciados lectores, se ahonda en el análisis de lo real, fenomenológico, empezado con el final de la primera entrega, donde hicimos un exhorto, desde la Resiliencia, a observar humanizadamente y con sentido de grandeza al prójimo y a modificar nuestras prácticas, abordando la reflexión y el uso asertivo de los recursos de quienes hemos de cuidar. Su promoción no es tarea de un sector determinado, sino la de todos los adultos que tienen la responsabilidad de cuidar y proteger; sobre todo, a niños y adolescentes, asegurarles afecto, confianza básica e independencia. Es reconocer la fortaleza con sentido de transcendencia.

Patrocinar que sea humanizadora la humanidad, es mirar con nuevos ojos las relaciones con nuestros semejantes; en fin, un nuevo humanismo, con «la convicción de que —únicamente— los valores del espíritu nos podrán salvar de este terremoto del Covid-19, que amenaza la condición humana». Los progresos de la ciencia y la técnica han transfigurado al ser humano en un simple engranaje de una máquina de producir y consumir.

Este dramático desvelo por lo económico, el individualismo, lo impersonal, la idolatría por la técnica y la explotación de las personas nos han llevado a la masificación, a la globalización, a la clonación, a la inteligencia artificial, —al miedo. Es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida, que hace imperativa la Resiliencia. La sociedad virtual en la que vivimos nos aleja del corazón de las cosas, nos hunde en una indiferencia metafísica que nos hace olvidar el latido de la vida, nos aísla, nos conduce a la soledad, a la adversidad continuada...


La Resiliencia nos lleva siempre a la vida



Cuando el mundo pierda toda magia/

Cuando mi enemigo sea yo/

Cuando me apuñale la nostalgia/

Y no reconozca ni mi voz.../

Resistiré erguido frente a todo.../

Y aunque los vientos de la vida soplen fuertes/

Soy como el junco que se dobla/

Pero siempre sigue en pie/

Resistiré para seguir viviendo.../

Canción: “Resistiré”

Letra y música: Carlos Toro Montoro

Intérpretes: Dúo Dinámico.




La Resiliencia a trabajar persistentemente la construcción de la alteridad; ergo, persistentemente nos arraiga más en la vida, y nos reajusta siempre en la vida, con sus problemas, su potencial y sus esperanzas, sus dificultades y logros. Ilustra el ciclo de rupturas y continuidad, que la construcción de toda vida en sociedad debiera ser.

La Resiliencia es un llamado a centrarse en cada individuo como alguien único, es enfatizar las potencialidades y los recursos personales que permiten enfrentar situaciones adversas y salir fortalecido, a pesar de estar expuesto a factores de riesgo. Todos tenemos la semilla de la Resiliencia, de cómo sea regada dependerá su buen crecimiento. Por eso, hay que buscar las fortalezas de cada educando con el mismo interés y rigor que se emplea para detectar sus problemas y/o debilidades, para hacérselas conscientes; y desde allí (las fortalezas), construir estrategias de superación.

Usar asertivamente la Resiliencia, es rechazar decididamente toda ideología del signo que sea, que defienda apoyar al fuerte y abandonar al débil. Ergo, nada hay más difícil que cambiar la mirada, verdadero cambio de paradigma en el sentido kuhniano. Así pues, ser Resiliente es evitar la megalomanía, una ilusión de omnipotencia, y saber someterse a lo inevitable, a la vez que luchar para proteger al máximo tu campo de posibilidades.

El buen uso de la Resiliencia requiere dejar la visión estadística y aditiva de factores de cualquier signo. Hay que saber que la Resiliencia se teje durante toda la vida, sobre las bases que tiene la persona desde su nacimiento, por medio de los encuentros con tutores de desarrollo que permiten modificar; incluso, las características juzgadas intrínsecas.

El uso asertivo de la Resiliencia, en lo práctico, exige convencerse de que ésta difícilmente se puede expresar sin ayuda, sin un tutor, sin una formación, sin un testigo consciente; ergo, no se es Resiliente uno solo. Desde esta perspectiva, el profesional tiene que buscar al tutor capaz de tender la mano; inclusive, en situaciones que parezcan desesperadas.


La Resiliencia “es emergente porque no sólo sirve a los logros de los grupos sociales que las suscitan, sino también a los intereses globales de la población mundial” (Mata V., Nelson, 2020, p.3). No ser Resiliente equivale a acumular tensiones, inconformidades y rencores que tarde o temprano saldrán a la luz, pero completamente distorsionados por el resentimiento.

Hay que dejar fluir, liberar las tensiones, desahogarnos, pasar la página; sobre todo, hacerlo de forma asertiva. Por eso, hemos de comunicar a los demás oportunamente cómo nos sentimos (quien está a nuestro lado no es adivino para saberlo), así que comuniquémonos más, como corresponde, no dejando nada por sobrentendido, al simple azar y percepciones de los demás. Dialogar sobre lo que nos pasa, nuestras heridas, lo que nos lastima. En fin, con Lacayo, R. (2007) concordamos que siempre deberemos estar orientados a la comunicación y más comunicación, a pedir disculpas y a aceptarlas, a mantener una actitud de dejar fluir el dolor, no retenerlo (p.70).

La pandemia Covid-19 llegó para quedarse. Sin embargo, somos optimistas empedernidos, eso sí: con la mente en las estrellas y los pies bien firmes en la tierra. En este orden, se vislumbran nuevas esperanzas, otras maneras de mirar el entorno, en la salud, en la ciencia, en las artes, en la resistencia de algunos a la uniformización, en los deseos expresados, que nos hacen tomar conciencia de que se puede resistir al poder de la enfermedad virulenta, de la robotización; ergo, crear nuevos valores humanizadores, recuperando el ágape (palabra griega que significa el amor verdadero) los afectos, el gozo, el diálogo, la creatividad, la cooperación, la belleza, la fe en un mejor futuro duradero.

Como en otras épocas de crisis, salvaremos el abismo e inventaremos un nueva humanidad. Con la misma firme voluntad de dar testimonio sobre la época que nos tocó vivir: Volátil, incierta, compleja y ambigua, que nos pone en guardia contra los peligros que aquejan nuestra cultura, ahora en la más difícil encrucijada de su historia. No obstante,, sus dudas no pueden acallar nuestra «esperanza demencial» en que sea humanizadora la humanidad.


Pregunto: ¿Será posible superar la adversidad continuada? Para empezar, diremos como el epígrafe con que iniciamos este apartado recogida en la letra la canción: Resistiré erguido frente a todo.../ Y aunque los vientos de la vida soplen fuertes/ Soy como el junco que se dobla/ Pero siempre sigue en pie/ Resistiré para seguir viviendo.../ Luego de la resistencia, pasamos a la ira, la racionalización, la depresión; y por último, una vez superadas las etapas anteriores: la aceptación.

A partir de la aceptación, emerge la Resiliencia, dada la superación de las cinco (5) etapas anteriores, iniciándose el tránsito señalado por el poeta universal Antonio Machado, en su famosísima poesía “Cantares”: Caminante no hay camino/ Se hace camino al andar.../


A MODO DE REFLEXIÓN FINAL


Alcanzar cierres definitivos no es el propósito de este artículo; sino, por el contrario, abrir las puertas a desafíos personales, institucionales, comunitarios y sociales para todos los actores de la gran puesta en escena que es la mayor suma de felicidad posible de las personas. La Resiliencia es un proceso en permanente cambio.

No es un producto terminado; ergo, hay que abrir los espacios para el diálogo fecundo, la comunicación efectiva, poner en marcha proyectos interactivos donde ”la verdad” no sea propiedad reduccionista. Luego, cuando salgamos de este trauma colectivo planetario, podremos decidir volver a la antigua trayectoria o aprender de la experiencia, o la complementariedad de ambas alternativas, para tomar decisiones diferentes con vistas al futuro promisorio. Perpetúen: ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Recuerden olvidar y olviden recordar, porque lo importante es el fluir, soltar, no engancharse, no retener, dada la gran incertidumbre, complejidades crecientes y comprensiones retardadas...



1. Nelson Mata Villegas. Postdoctor en Filosofía y Ciencias Humanas (UNESR). Postdoctor en Seguridad Social (UCV). Postdoctor en Derechos Humanos de la LUZ. Postdoctor en Ciencias Gerenciales (UNEFANB). Doctor en Seguridad Social (UCV). Doctor en Ciencias de la Educación (USM). Magister Scientiarum en Seguridad Social (UCV). Licenciado en Administración de Recursos Humanos (UNESR). Docente del Postgrado en Ciencias Sociales, Investigación y Desarrollo, Ciencias Administrativas y Seguridad Social de la Universidad Central de Venezuela. Asesor de organizaciones públicas y privadas. Conferencista.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Grotberg, Edith H.(2006). La Resiliencia en el Mundo de Hoy. Barcelona: Gedisa.

  • Lacayo, Rosa (2007). Saber Crecer. Resiliencia y Espiritualidad. Barcelona: Urano, S.A.

  • Manciaux, M. Vanistendael, S., Lecomte, J. y Cyrulnik, B. (2003). La Resiliencia: Resistir y Rehacerse. Barcelona: Gedisa. 1ra.ed.




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