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Perspectivas Económicas 2022. “Crecimiento de la burbuja de la desigualdad”




2021 finalizó con pocas variaciones de las estimaciones realizadas por CIAP para la economía venezolana al comienzo del año pronosticándose que cerraría en un estado de “estancamiento o desaceleración de la caída en el foso”, efectivamente el comportamiento de los principales indicadores retrospectivos mantuvieron sus saldos rojos o débil recuperación en su proceso de estancamiento, el Producto Interno Bruto (PIB) marcó su noveno año caída consecutiva al promediar entre el 5 y 10 % contra un 10 a 15 % estimado, la inflación acumulada cerrará entre 650 y 700 % compensada por el proceso de dolarización transaccional que prácticamente sustituyó al bolívar provocando una inflación en dólares no inferior al 10 % mensual, con lo cual los pronósticos dados de 1500 a 2000 % se redujeron casi a la mitad, interrumpiendo 4 años de hiperinflación definida en términos del economista P Cagan (1956). El desempleo se mantuvo de acuerdo al pronóstico en alrededor del 50 % Población Económicamente Activa (PEA) y la informalidad superó el 70 % estimado para llegar al 75 % estimulada por el desplazamiento de los empleados públicos al sector para complementar sus ingresos. El déficit fiscal marcó su onceavo año consecutivo de déficit, ligeramente inferior al estimado del 10 % por la contracción del gasto público y la pauperización de los salarios del sector cuyo monto mínimo no supera los 3 $ y con las bonificaciones apenas alcanzan entre 35 y 40 $ frente a una canasta alimenticia superior a 300 $. La Balanza de Pago (BP) mantuvo su ritmo de debilitamiento característico de los últimos 9 años, con una leve recuperación de las exportaciones vía incremento de las exportaciones petroleras y los mejores precios del crudo a nivel mundial en el último semestre del año, el incremento de las remesas y la repatriación del ahorro externo, las ventas de oro y minerales estratégicos para promediar el año entre 9 y 10 mil millones de dólares.

Las Importaciones se vieron favorecidas por la política comercial de liberación de impuestos que estimuló el comercio importador y servicios de consumo final para cerrar entre 11 y 12 mil millones. Las materias primas, básicamente petróleo, cerraron con incremento superior al 20 % del estimado, tanto en producción (700 mil B/D y 30 y 35 $ barril) para terminar el año entre 800 y 850 mil barriles/día y 50 $ barril, valores muy lejanos a los niveles óptimos para hablar de un proceso sostenido de recuperación del sector que requerirá de inversiones significativas para lograrlo. La tasa de cambio se vio favorecida por la política monetaria del BCV de intervenir el mercado cambiario con inyección de dólares para contener su alza en promedio mensual que osciló entre 20 y 50 millones con lo cual los pronósticos de la tasa estimada entre 9 y 10 BsD terminó en 4,7 BsD.


2022 se vislumbra como un año de grandes interrogantes e incertidumbre para la economía mundial, regional y nacional, el impacto de la pandemia del COVID-19 y sus variantes seguirá gravitando sobre la reactivación de las principales economías industrializadas cuya recuperación ha sido más lenta que la pronosticada en el 2021, excepto para los sectores vinculados a las telecomunicaciones y servicios de productos terminados, el crecimiento de estos países podrá alcanzar hasta un 5 %

y los países en vías de desarrollo el 4 %, si el efecto de la pandemia y sus variantes se debilita y el consumo mundial se recupera, el petróleo, nuestro principal producto en el mercado internacional, podrá alcanzar un promedio de 60 $ del marcador Texas, de no presentarse cambios importantes en los escenarios políticos y ambientales. América latina y el Caribe podrán alcanzar un PIB promedio de 3 % con una inflación promedio de 10 %.




En el caso de Venezuela, 2022 puede denominarse como el año del “crecimiento de la burbuja de la desigualdad” en el lenguaje del economista serbio-estadounidense B. Milanovic, para el 10 % de la población que se beneficia de las bondades de una economía fraccionada vinculada al capital privado del comercio importador y de servicios de productos terminados y la inversión foránea asociada al modelo de aparcería petrolera que sustenta y reproduce al régimen , en contrapartida el 90 % de la población que apenas podrá subsistir en pobreza con el 10 % del ingreso nacional. En este contexto el comportamiento de los principales indicadores retrospectivos de la economía estará determinado por:


  1. La recuperación de la imagen internacional del país como actor político tanto desde el punto de vista institucional - jurídico como económico que le permita acceso al financiamiento internacional y la eliminación de las sanciones comerciales.

  2. La recuperación real de la industria petrolera tanto en producción como comercialización y financiamiento.

  3. Una política macroeconómica estable y responsable que termine de romper con el populismo clientelar y permita reducir los desequilibrios regionales, sectoriales y sociales desarrollados en las dos primeras décadas del milenio que han impuesto un modelo de desigualdades en el cual un 10 % usufructúa el 90 % de la riqueza y un 90 % se distribuye el 10 % del ingreso.


El PIB mantendrá su saldo negativo por décimo año consecutivo entre 3 y 5 % determinado por el débil crecimiento del sector privado en renglones claves como el agropecuario e industrial que difícilmente se recuperarán en el corto plazo, afectados por la escasez de financiamiento, crisis del transporte, baja demanda interna y altos costos de insumos y salarios por la dolarización.

El sector público, especialmente el petrolero que pese a su crecimiento en torno al millón de barriles diarios, será insuficiente para superar el saldo negativo que viene arrastrando en los últimos años por las dificultades para inversión y mantenimiento de su estructura productiva, de comercialización y el peso de sus compromisos financieros internacionales.


La inflación acumulada anual dependerá de tres componentes básicos, uno, disminución del financiamiento del BCV al gasto interno de PDVSA para cubrir sus operaciones ,meta difícil de alcanzar si la industria aspira a elevar la producción con baja inversión foránea limitada a los aliados internacionales del gobierno Irán, Rusia y China, dos, reducción del gasto público y mantenimiento de salarios pauperizados en el sector para contraer la demanda y tres, desmonetización impulsada por la dolarización de facto para minimizar el uso de bolívares y la restricción del crédito bancario vía altos encajes. Si no hay variaciones en estas variables la inflación acumulada en bolívares anual podría ubicarse entre 200 y 250 %, con una inflación en dólares entre 100 y 120 %.


El empleo seguirá debilitado, tanto en el sector público como privado, en el primer caso como consecuencia de los bajos salarios que han reducido la nómina pública, la caída del gasto público y la inversión social y en el segundo por la baja inversión tanto interna como externa en los sectores claves como la industria y la construcción. La tasa de desocupación se mantendrá alrededor del 50 % de la PEA, elevando el nivel de informalidad a más del 75 %. El mercado laboral seguirá afectado por la alta emigración de la población entre 15 y 50 años (60 % de la emigración) disminuyendo la oferta laboral en ambos sectores presionados por el bajo poder adquisitivo del salario mínimo que podría alcanzar los 50 $ en el público y 120 $ en el privado lejos del promedio de la región sudamericana 300 $ al mes.


La Balanza de Pagos (BP) mostrará pocas variaciones en su tendencia a deteriorarse de los últimos años. La cuenta corriente continuará con un saldo negativo, las exportaciones petroleras favorecidas por los precios del crudo merey referencia de Venezuela entre 50 y 55 $ y el repunte de la producción aportarán entre 7000 y 9000 millones de dólares, las importaciones mantendrán su tendencia alcista del último semestre del 2021 fundamentalmente en comercio importador y servicios de productos terminados para ubicarse entre 10000 y 12000 mil millones de dólares.

La cuenta de servicios seguirá su histórico saldo negativo con un promedio superior a los 10000 millones de dólares, agravado por el incumplimiento de los pagos del servicio de la deuda externa. La cuenta de transferencia se colocará entre 2700 y 3500 millones de dólares principalmente por las remesas y transferencia de ahorro externo que en promedio llegarán a 1,5 millones de familias, que en promedio recibirán entre 150 y 200 $ al mes. Las reservas internacionales podrán ubicarse sobre los 7000 millones de dólares y la Tasa de cambio mostrará una tendencia alcista pese a la intervención del BCV en el mercado de divisas para contenerla y la política monetaria restrictiva del crédito bancario, al final de año se estima oscilará entre 12 y 15 BsD por dólar.


Los indicadores prospectivos (rendimientos de bonos, bolsa, tasa de interés, ventas al menor, precios de la vivienda y mercado inmobiliario,

entre otros) de la evolución de la economía venezolana seguirán estando afectados por las expectativas políticas que no vislumbra grandes cambios para una salida a la crisis de gobernabilidad y la percepción de los actores internacionales, gobiernos, organismos internacionales e inversionistas, sobre la credibilidad de las instituciones, estabilidad política, seguridad jurídica de la inversión.



Dilio Hernández. Enero 2022