Importancia de la Alimentación y Nutrición en el Adulto Mayor

En los últimos años la esperanza de vida se ha incrementado con el respectivo y progresivo crecimiento de poblaciones en edades avanzadas, que puede ser atribuido a diversos factores, dentro de los que destacan: los avances en la medicina, un mayor número de personas que adoptan estilos de vida saludables, y sin lugar a dudas y no menos importante las mejoras en los hábitos alimentarios y por ende en la nutrición.



Esto plantea entonces un verdadero reto en todos los niveles, especialmente en lo social y sanitario, al generarse la necesidad de ofrecer a este grupo de población todas las condiciones necesarias para dar mayor calidad a esta prolongación de vida, conseguir estados saludables que le permitan al adulto mayor valerse por si mismo, estar presentes y colaborar en múltiples aspectos del quehacer social, y es allí donde la alimentación y nutrición juega un rol fundamental para el alcance de estos objetivos.

Un adecuado estado nutricional influye directamente sobre el estado de salud, no sólo por su contribución con respecto a la reducción de la mortalidad, sino también por lo que a prevención de numerosas enfermedades e incapacidades frecuentes en los adultos mayores se refiere. Aunque la relación entre nutrición y salud se encuentra ampliamente demostrada, las alteraciones nutricionales como la malnutrición por déficit o desnutrición es uno de los problemas más frecuentes en este grupo de población, que en muchos casos pasa desapercibida o no se le presta la debida atención.


Es característico por el proceso de envejecimiento propio de esta edad, que el adulto mayor presente ciertos cambios en el funcionamiento orgánico, que a su vez se traducen en cambios en sus necesidades de energía y nutrientes, aumentando así los riesgos a sufrir deficiencias nutricionales, por lo que se le califica como un grupo biológicamente vulnerable, al que se le debe prestar una atención alimentaria y nutricional especial.


Entre las características propias del envejecimiento y que se encuentran directamente relacionadas al estado nutricional podemos citar:

Cambios en la composición corporal, incremento de la masa grasa, modificación en la distribución de la grasa corporal; pérdida de masa muscular con la consiguiente disminución de la fuerza, y tolerancia al ejercicio, provocando debilidad y desgano. Se presenta disminución del agua corporal y una disminución de la masa ósea en relación con déficit de vitamina D; los órganos de los sentidos se ven afectados, tanto el déficit visual como la pérdida del oído, del olfato y de la sensibilidad gustativa, afecta considerablemente su relación con el entorno y por tanto puede influir en su estado nutricional.

Gran parte de esta población ha perdido la dentadura o padecen enfermedades en las encías, presentan dificultad para tragar y resequedad en la boca condicionando la alimentación. Desde el punto de vista psicológico las personas mayores sufren cambios fisiológicos en el sistema nervioso central, desarrollando depresión, negatividad, sentimiento de soledad que se traducen en la reducción del número de comidas y la falta de ingesta de ciertos grupos de alimentos, favoreciendo con ello el déficit nutricional.


En ocasiones presentan una pérdida de interés por la comida, posiblemente por las alteraciones sensoriales, la sensación de hambre se reduce y se sacian más rápidamente, por todo esto se debe intentar potenciar las cualidades sensoriales de los alimentos para hacerlos más apetitosos.

Las metas para la salud establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se centran en envejecer de forma saludable, por tanto la alimentación y la nutrición juegan un papel importante en el proceso de envejecimiento y en brindar la posibilidad al adulto mayor de gozar toda su potencialidad y que mantenga un rol activo en la sociedad.


A partir de lo antes expuesto los objetivos entonces de la alimentación del adulto mayor deben estar orientados en: aminorar los cambios propios del envejecimiento, reducir la susceptibilidad a enfermedades y contribuir a mantener una vida independiente.

Brindar recomendaciones a este grupo de población podría resultar un poco difícil teniendo en cuenta que en el adulto mayor se presentan particularidades específicas en cada individuo como las patologías de base, los cambios biológicos y psicológicos que conlleva el envejecimiento, las capacidades funcionales y necesidades nutricionales individuales, sin embargo por aquí presentamos algunas recomendaciones nutricionales que podrían servir de orientación para mejorar la calidad de su dieta:

  1. En los adultos mayores no existe restricciones en su alimentación, a no ser que padezca de alguna enfermedad o le hagan daño, en cuyos casos el consumo de los mismos se restringe o limita.

  2. La consistencia de los alimentos dependerá de la capacidad masticatoria y de la presencia de piezas dentales que posea el adulto mayor. Se sugiere ofrecer alimentos con guisos bajos en grasas para facilitar la deglución, teniendo en cuenta que en estos hay poca producción de saliva.

  3. Procurar que el adulto mayor consuma los alimentos acompañado por la familia o un cuidador.

  4. La alimentación debe ser equilibrada, para lo cual debe incluirse un alimento de cada grupo de alimentos, seleccionar alimentos ricos en fibra, bajos en azúcares refinados, grasas saturadas y colesterol.

  5. Consumir por lo menos 2 litros el equivalente a 8 vasos de líquidos, en forma de agua, sopas, jugos naturales sin azúcar, tés naturales.

  6. Se sugiere incluir en la alimentación alimentos integrales, productos lácteos bajos en grasas, carnes libres de grasa, pescados y aves.

  7. Suplementar la dieta con calcio y vitamina D y/o consumir alimentos ricos en estos nutrientes (para reducir el riesgo de fracturas), y de B12 para reducir el riesgo de anemias.

  8. Las comidas deben ser variadas y atractivas, teniendo presente combinar colores, olores, sabores, empleando condimentos naturales que le confieran un sabor agradable. Es importante vigilar las temperaturas procurando no ofrecerlas ni muy calientes, ni muy frías.




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