EN EL MES DE LA MUJER UN NUEVO RETO: PESTE, TOTALITARISMO Y CULTURA

Parto de una primera afirmación: la mujer-madre es el lado fuerte de la cultura venezolana. No hay debilidad en el centro de la familia. Madre-centro. Madre-fuerza. Madre afectividad, pero también límite y razón. Empiezo por estas definiciones para mostrar que vivirse mujer en Venezuela es hacerlo desde la convivencia y la relación.

De la madre paso al homo convivalis, tal como lo definió Alejandro Moreno[1] (2010, p. 353): “La familia matricentrada va mucho más allá de ser un fenómeno social.

Trasciende a lo antropológico; produce un homo, el que podríamos llamar, para seguir la costumbre de los antropólogos, el homo venetiolanensis. Lo defino como “ homo convivalis.”

La matricentralidad es un acontecimiento antropológico, por nuestras venas pasa relación, convivencia, afectividad. Vivimos humaneza: “La comunidad nunca podrá ser entendida desde un trasfondo de natura; sólo es realmente pensable como «humatura» o «humaneza», para no caer en la abstracción, humanidad, y permanecer en la generalidad concreta.” Moreno, p. 200

Dentro de la humaneza y convivialidad la familia en Venezuela es fundamental. En la democracia se preservó, fue un camino político basado en la pluralidad, en la posibilidad de coexistir, en la garantía de la diversidad. Nunca, antes, nuestra cultura fue atacada hasta el punto de ponerla en peligro.

La familia sólidamente establecida en el soporte materno fue siempre garantía de bienestar, protección y seguridad. Hoy no solo está en riesgo, sino que está en peligro el modo mismo de ser venezolanos, de vivir la relación, de entendernos en la convivencia.

La democracia fue la garantía de convivir en la diversidad. Fue para el venezolano un camino perfectible que no amenazó ni puso en peligro nuestro modo de vida. Hoy nos han obligado a transitar un camino no elegido, nos han impuesto un sistema político y de vida basado en el sometimiento.

Un sometimiento que ha partido de un poder tiránico y que ha devenido en totalitarismo. El dominio de lo público, del estado, de las instituciones se ha desplazado sigilosamente a la esfera de la vida privada. Las regulaciones totalitarias penetraron nuestra vida íntima, nuestra familia. Nos está rompiendo por dentro. Señalo a continuación tres eventos significativos: la migración, la criminalidad y el aislamiento.

La migración forzosa, desplazamiento humano obligatorio por hambre y criminalidad ha sido uno de los eventos más dolorosos.

Rompió la familia por dentro, sembró la tristeza, el abandono. Produjo un fenómeno inédito: familia de niños solos o niños sin familia porque todo el entorno emigró o como lo define Cecodap: niños dejados atrás. Un atrás que traerá consigo terribles consecuencias para la vida futura y para la cultura misma.

Luego tenemos el fenómeno de la criminalidad, extraigo a continuación un relato de una mujer zuliana, desgarrador pero real, un nuevo episodio en esta historia que dejará profundas huellas, que nos cambiará como cultura: “han matado a los hombres, a los jóvenes, somos un pueblo de mujeres solas, nos han dejado sin esposos e hijos, es una tierra desolada, vivimos las consecuencias de una guerra. Esto es una guerra…”

Una guerra como acción coordinada entre los aparatos de seguridad del estado y las mafias criminales contra el pueblo, a favor de la dominación y el sometimiento. Entre la extorsión y el sicariato se ha diezmado a toda una población, no hay cifras ni oficiales ni extraoficiales. La muerte es una constante, producida por el sistema y sus aliados. La extorsión y la FAES deja a su paso una gran cantidad de asesinatos invisibilizados.

¿Qué ocurrirá con la peste china, con el coronavirus? ¿Cuántos familiares, vecinos y amigos tendremos que enterrar? La vulnerabilidad va más allá del virus, la produjo el sistema, el régimen de dominación.

La mujer-madre que hasta ahora había sido el pilar de la familia, un roble robusto, a pesar de la pobreza había podido echar para adelante, criar y educar a los hijos, vivir y garantizar la vida a quienes dependían de ella.


¿Dónde quedó esa fuerza? El régimen criminal totalitario se la arrebató.

Hoy encontramos relatos como este: “estoy sola, mis hijos se fueron, huyeron de este país. Si me quedo encerrada en este aislamiento, me mata el hambre o la peste.” Este es el dilema hoy en día para el venezolano: vivir o morir, ninguna de las dos opciones puede contralarla. Estamos en la peor vulnerabilidad posible.

El régimen tocó a la madre, está rompiendo la cultura. ¡Vital tenerlo en cuenta y actuar en consecuencia! Lo único que puede defendernos del totalitarismo es nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra fuerza anclada en una historia y una afectividad. Forzados al aislamiento la solidaridad y la consciencia de lucha son nuestras únicas defensas.





[1] Moreno, A. (2010) El aro y La trama. Ediciones Convivium. Caracas-Venezuela.

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